Tercera Compañía

Tercera Compañía

Antecedentes Generales

Fecha de Fundación: 1 de Mayo de 1926

Lema: Deber y Abnegación

Especialidad: Agua

La ciudad de Castro en la década del 20 paulatinamente aumenta sus construcciones y, según el censo del año 1925 ya contabilizaba 2.711 habitantes, cifra que se repartía familiarmente dentro del plan de la villa y sector del puerto. Por tanto, ya era un pueblo más grande, aunque con la relativo progreso. Continuaba cíclicamente afectado por constantes incendios; su destino así lo demostraba, templando a una comunidad ante la permanente adversidad. El trabajo bomberil de las dos primeras Compañías era dificultoso a causa de que contaban con mínimo material para combatir el fuego y de la creciente         inquietud por dotar de mayor contingencia a la institución, ya que pertenecen a Bomberos era consubstancial al poblado, otorgando un status social destacado. Todo esto, sumado a reorientaciones internas de ambas Compañías deseando encauzar los personalismos en un servicio público institucional nuevo, derivó en un consenso favorable, apoyado por el deseo de los vecinos, fueron las motivaciones que provocaron el nacimiento de otra Compañía.

Transcurren 30 años desde que se formó la Primera Compañía y 26 años de la Segunda Compañía, cuando entre las cavilaciones propias de los primeros meses del año 1926, especialmente en el mes de abril con reuniones, citas, planes y buenos deseos se concluyó que se necesitaba la creación de una nueva Compañía, a fin de cooperar en el servicio de incendios, optimizar la acción bomberil, aportando nóveles voluntarios empeñados en sacrificarse por la ciudadanía, engrandeciendo aún más al Cuerpo de Bomberos de Castro. Fue así como un grupo de caracterizados vecinos castreños; algunos ex voluntarios, junto a bomberos activos de las dos Compañías dieron el impulso para fundar la tercera institución del Cuerpo. Para la formación de una nueva Compañía se requería en ese entonces un mínimo de 10 personas; se agruparon principalmente profesores de Educación Primaria motivados por el Director de la Escuela Elemental Miguel Aguilar Subiabre junto con los docentes Fidel Cárcamo Cárcamo y Carlos Barrientos González. Colegio que se localizaba entre la calle Gamboa y esquina Los Carrera. Fue un esfuerzo mancomunado para llevar a buen término la creación del tercer eslabón bomberil en ese año del 26. La comunidad estaba consciente, feliz y agradecida por tan importante hecho histórico; Castro iba a tener otra flamante Compañía.

Justamente se escogió el 1° de mayo, Día del Trabajo, fecha simbólica y sin duda una analogía favorable, de suyo especial, para convocar la reunión constitutiva en los salones de actos del propio Cuerpo de Bomberos aquella mañana del día Sábado que implicaría futuros esfuerzos, sacrificios y voluntad. En una sala abarrotada de personas invitadas, junto al sentimiento noble del permanente servicio público, con la presencia del Directorio General, Oficiales de las Compañías, bomberos, autoridades y aquella pléyade de futuros voluntarios se concretizó la fundación de la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Castro, el 1° de mayo de 1926. Se exponen las motivaciones, se analizan la incorporación y se justifica plenamente entre vítores, aplausos y cálido entusiasmo. La institución ingresa automáticamente al Cuerpo y, formalmente se efectúan los trámites de rigor, refrendándolos ante el Notario que se encontraba presente; firmando los nuevos bomberos tercerinos el Acta Oficial de Constitución. Entre los planteamientos acotados se indicó que la Compañía sería de agua, a fin de reforzar la única institución que existía con dicha características complementando también a la de “Hachas y Escalas”; impusieron como lema de la Compañía: “DEBER Y ABNEGACION”, emblema señero para su futuros bomberos ya que refleja con tales palabras el rumbo futuro bomberil, y enorme significado moral. Comenzaría la recolección de fondos para obtener los necesarios elementos y equipos; planificación de las actividades bomberiles futuras… entre algunos aspectos. Finalmente los discursos con los deseos de éxito y prosperidad, incentivando al permanente esfuerzo, cumpliendo y sacrificado para la Compañía y comunidad. Ese sábado 1° de mayo ya transcurrió el mediodía fue de alegría para Castro y sus vecinos, como asimismo para el Cuerpo de Bomberos, por nacer una nueva Compañía hermana al servicio local. Una creación que nació sin traumas, sin prejuicios sino fruto de un consenso positivo. Se procedió a elegir Directorio de la Compañía entre los asistentes a la reunión constitutiva. Así, aquellos fundadores designados por aclamación fueron:

DIRECTOR: Miguel Aguilar Subiabre.

CAPITAN: Fidel Cárcamo Cárcamo.

TENIENTE 1°: Ricardo Peral B.

TENIENTE 2°: Carlos Barrientos González.

SECRETARIO: Gaspar Galindo V.

TESORERO: Demetrio Cárdenas Velásquez.

Una excelente directiva, que a la semana siguiente inició inmediatamente su accionar junto a la veintena de bomberos tercerinos, algunos de ellos eran: Tirso Montiel; Santiago Velásquez; Osvaldo Silva; Bautista Mansilla; Froilán Figueroa; Rosendo Cárdenas Vidal; Hermógenes Díaz Vera; César Orrego; Darío Barrios Bórquez; Ramón Silva; Manuel Miranda; Arturo Cárcamo Cárdenas, fundador en décadas posteriores de otra Compañía. Sus integrantes se abocaron al perfeccionamiento en la actividad bomberil; ejercicios, marchas, guardias, reuniones, academias y otros aspectos preventivos. Se requería de personal preparado en un breve tiempo, para asistir a los llamados de incendio, tal como ocurrió durante esa década, donde la Tercera Compañía dio sus primeros pasos, comprobándose en la realidad la importancia de la nueva institución, no sólo entre la comunidad sino en el propio Cuerpo de Bomberos al ver reforzado el trabajo en emergencias. Sus inicios para los fundadores fueron de enorme sacrificio, no es fácil coordinar y organizar una labor que traspasó el tiempo, sirviendo ininterrumpidamente hasta hoy con ciclos de alto nivel y otros regulares. Al principio sus bomberos se destacaron inmediatamente, esto se explica porque muchos de ellos provenían de las otras Compañías, incluso algunos eran Oficiales, quienes aliados con los bomberos nuevos aportaron sus conocimientos y experiencias, conformando una consolidada agrupación, con objetivos claros.

Se constituyó como Compañía de Agua, y por tanto debieron abocarse a ejercitarse precisamente en esta especialidad junto al material adecuado; para ello solicitaban prestados aquellos elementos a las otras Compañías o se ejercitaban mutuamente, toda vez que habían voluntarios activos que sabían de tales acciones. Así, en sus primeros llamados laboraron en conjunto a la Primera o Segunda Compañía y, con el mínimo material prestado por el Cuerpo.

Los fundadores, para testimoniar tan relevante suceso e importar sus ingentes esfuerzos, elaboran la primera insignia que fue usada en el año 1926 y siguiente década en los uniformes, con legítimo orgullo. En el presente, guardan como preciada reliquia una de ellas en su sala de sesiones, obsequiada en mayo de 1976 por el Teniente 2° fundador, más tarde el Capitán don Carlos Barrientos González. Fue la primera condecoración ostentada por la Compañía, dice “Cuerpo de Bomberos”, un número 3 y bajo él la inscripción “Castro”; con un fondo circular color verde y un semirectángulo sobre el círculo. Aparte de las acciones habituales bomberiles debieron abocarse a recolectar fondos de diversas maneras, logrando ya antes de la fecha oficial de creación tercerina recursos necesarios destinados a solventar los múltiples elementos materiales requeridos, ya que el aporte institucional no alcanzaba a cubrir sus requerimientos. En 1935 y años siguientes las populares fondas y ramadas de Fiestas Patrias fueron motivo para obtener fondos. Así tenemos que a pocos años adquirieron baldes, escalas, bicheros, mangueras y pitones, estos últimos entregados por la Comandancia; también para sus voluntarios, casacas de cuero de cabretilla, cortas, color negro; cascos, cinturones, equipamientos necesarios no sólo para la acción bomberil sino como uniforme. Se caracterizaron por el uso de los populares “gallitos”, esos enormes carretes que arrollaban más de seis mangueras de 65 m/m., arrastrados a grandes distancias por vigorosos bomberos; estos artilugios identificaban a la “Tercera Compañía”, siendo así reconocidos.

En lo referente a sus tenidas de parada, en sus inicios y durante varias décadas obtuvieron vía traspaso de las otras Compañías y como obsequios de la Escuela Militar cascos modelo prusiano dados de baja, con bellas decoraciones y franja de bronce que lo rodeaba, resaltando el número 3 frontal con un estrellado de finos adornos del mismo metal, complementados con su primer uniforme: una guerrera de corte militar, paño color azul-negro con bocacuello negro y un número 3 de bronce como decoración, bocamangas rojas y botones a todo lo largo de la prenda, también de bronce y con número, cinturón negro o blanco con una vaina para contener llaves de unión de fierro, pantalón blanco y zapatos negros. Hermosas prendas que dieron prestancia a sus integrantes. Incluso los cascos tenían en la sección superior un bonete metálico donde se instalaban los penachos militares blancos y rojo, usados así en los primeros años tanto en desfiles, ejercicios o emergencias; posteriormente dichos penachos son retirados del uso porque impedían el mejor accionar bomberil, a principios del 30, ostentando sólo el bonete de bronce que otorgaba una figura especial. En relación a su Cuartel, puntualizamos que gracias a sus excelentes gestiones, recursos, buenos oficios y relaciones públicas y particulares obtuvieron un valioso sitio donde se instaló su primer cuartel, un logro notable y de enorme plusvalía. Estaba localizado en calle Esmeralda, contiguo al sitio donde más tarde funcionó en Cine Centenario y hoy, lo hace el Museo Regional, por la vereda Este. Un pequeño edificio con aspecto de capilla de dos pisos, con un balcón muy destacado, amplias ventanas como fachada en el piso superior, totalmente de madera y una fina torres para el secado de mangueras tipo campanario del mismo material con líneas arquitectónicas llamativas junto a su hermosa veleta o marcaviento. Era reparado y arreglado por los mismos Tercerinos, allí concentraban toda su actividad, especialmente cuando dispusieron de la bomba automóvil que mantuvo en tal lugar su sala de máquinas junto a otros elementos. Poseía amplias puertas de madera y una rampa para vehículos pavimentada, incluida su vereda, ya en el año 1931, una novedad urbana para la época. Tras ese hall-garaje una espaciosa sala de sesiones y labor administrativa con salida al patio donde estaba la torre. En el 2° piso una sala utilizada para beneficios bailables les permitía obtener el financiamiento necesario. Allí funcionó la Comandancia por breve tiempo en 1950, ocupando el segundo piso, y, hasta fines de año 1956 aún funcionaba su Cuartel. Dicho edificio se derrumbó durante el terremoto de 1960. Mientras se construía el actual Cuartel, el Cuerpo de Bomberos arrendó un local para sesionar, un Club Social ubicado en calle Serrano con Sotomayor, apodándolo “lugar de don Marciano”, también fue el sustituto Cuartel tercerino. Sin duda, los avances obtenidos en sólo una década de vida demostraron un activo progreso institucional, basado en la calidad bomberil de aquellos fundadores.

Al respecto rememoramos que en sólo pocos años sus bomberos destacaron a nivel general, entre algunos: Fidel Cárcamo Cárcamo, quien en 1925, siendo Capitán de la Segunda Compañía, se traslada para fundar la Tercera Compañía en 1926, y ya a fines de ese año como Primer Capitán Tercerino es elegido 2° Comandante hasta 1928, para luego, en 1929 y 1930, ser Comandante del Cuerpo de Bomberos, presentando su renuncia por traslado a otra ciudad. Fue el artífice de las enseñanzas ejecutivas, de incendios y otros aspectos, como Oficial, aportando sus conocimientos justamente cuando más se requería, el año de fundación; Demetrio Cárdenas Velásquez, encargado durante gran parte de su vida de los recursos tuvo gran capacidad de gestión para obtener nuevos fondos y su brillante desempeño le valió ser designado Tesorero General durante los años 40 y Superintendente en el decenio del 50, aunque ingresó a otra Compañía que fundó años más tarde. Santiago Velásquez Cárcamo, fundador y Oficial ejemplar a quien la propia Compañía le entregó un Diploma de Honor por 25 años de servicio en 1951; Emilio Márquez Oyarzún, destacado Director en 1931 y excelente Comandante en los años 1935 y 1936, tuvo su mando al Cuerpo de Bomberos en los gigantescos siniestros del año 1936, donde pese a los escasos elementos se cumplió una labor eficiente; Carlos Barrientos González, Teniente fundador y Capitán, creador de la primera insignia; también recordamos al Miembro Honorario Pedro Barrientos Barría y al destacado cronista, fotógrafo y bombero, Gilberto Provoste Angulo, vanguardista en el sentido de comenzar a retratar la vida cotidiana del Cuerpo de Bomberos; Leonidas Cárdenas, su Director en 1935 junto al Capitán Carlos Barrientos; mencionamos también al Director del mismo año O. Thielemann secundado por otros bomberos que orgullosos posaron en una relevante fotografía conservada en su actual sala; don Raúl Andrade B., el estimado Director del año 1946; Arturo Avendaño, Secretario General del Cuerpo de Bomberos en 1950. Muchos más nombres engrosaron sus filas, todos de una u otra forma dedicaron sus esfuerzos a su Compañía; los mencionados de aquellos años iniciales reflejan a muchos Tercerinos a través de estos años de vida institucional. La remembranza de aquel primer aniversario en 1927 con la fotografía de sus integrantes y el corneta bombero para las órdenes, en medio de la felicidad y alegría reflejaban cómo la Tercera consolidaba su accionar, improntados en el tradicional paseo después del desfile, mostrando orgullosos sus uniformes.

Así, a los pocos años de servicio justificaban su fundación y la importancia de esta nueva institución para la ciudad de Castro.

BOMBEROS Y BOMBAS DE LA TERCERA COMPAÑÍA EN ACCION

Desde 1926 a 1937 la Compañía no poseyó material mayor para combatir incendios. Esos años se entrenaba con vestimenta de trabajo, y cumplían una excelente labor en los llamados de emergencia. Interesante acotar que en los primeros años el manejo de los bicheros, hachas, palas y baldes, fueron parte de su accionar, pero también al ser Compañía de Agua su proyección institucional debió abocarde en este sentido; esto implicó que las mangueras, gemelos, pitones y lo inherente a su especialidad que utiliza tal elemento debió ejercitarse con mayor ahínco. Así, ejercicios combinados, prácticas de extendido de material, aprendizaje de amarrado de tiras, entre otros, se convirtieron en aspectos destacados; todo esto inmerso considerando que en este período se carecía de elementos, prestándose unos a otros el material o en donde al momento de ocurrir un incendio todos debían laborar, sin distinción de Compañías. Sin embargo, la Tercera siempre utilizó los “gallos”, que fueron parte relevante de su vida. Durante sus primeros tiempos y en virtud de excelentes Oficiales con gran experiencia y bomberos activos, se destacaron notoriamente; su participación en todos los llamados de aquellos 12 años sin bomba así lo demostró, cooperando con la clásica Bomba a Vapor o transportando el propio material menor. Los dos incendios de 1934, el terrorífico siniestro de marzo de 1936 y, el de octubre del mismo año en calle Gamboa, hasta el pavoroso incendio de 1937; por mencionar los más destacados entre tantos otros siniestros derivaron en un reconocimiento de la Tercera Compañía, toda vez que sus voluntarios dirigían al Cuerpo en la Comandancia. Se fue paulatinamente templando y formando el espíritu de servicio, de abnegación y entrega de los Tercerinos tanto en bomberos nuevos como de experiencia.

Como consecuencia de los siniestros en material bomberil era mínimo y con la situación económica apremiante, el Ministro de Hacienda, aparte del Municipio Castreño, entregó fondos de $ 100.000, como subvención extraordinaria al Cuerpo de Bomberos, esto, y el conocimiento que se tenía en Santiago de la precariedad del material mayor y las responsable gestión del  Directorio General, derivaron en que a fines de 1937 se recibiera una Bomba Automóvil destinada a la Tercera Compañía. Con antelación se preparó la llegada de la nueva máquina, aun auténtico revuelo provocó la noticia en la comunidad y, la grandiosa felicidad colectiva reflejaba en la multitud congregada en el puerto, esperando la recalada del buque. El Cuerpo de Bomberos formado cifrada esperanzas, por fin Castro contaría con máquinas modernas; fue una novedad comunitaria para esos años, en que sólo se conocían las calderas de la Bomba a Vapor. La impresión era aún mayor, toda vez que los grandes incendios ocurridos habían dejado una profunda secuela de destrucción, se vivía permanentemente sobresaltado, toda vez que sólo un año antes, el gran incendio del 36 consumió las tres cuartas partes de su edificación; por ello el regocijo contenido de los habitantes y de los bomberos. Una nueva etapa técnica de cernía a nivel institucional.

Desembarca en el molo, siendo apreciada por la multitud, era realmente una hermosa máquina, impresionante, de bellas líneas e idónea para la acción bomberil. Funcionando asciende por calle Blanco rodeada de personas hasta el propio centro de la Plaza Prats donde con fecha 12 de octubre de 1937 se procedió a la bendición de la bomba automóvil. Autoridades, voluntarios, oficiales, padrinos y el sacerdote, junto al pueblo reunido, presenciaron la ceremonia; posteriormente hubo desfile y un ejercicio práctico, en que la bomba demostró su capacidad ante una sorprendida multitud que nunca había presenciado tal actividad. La jornada histórica, llena de emociones, concluye con un ágape y los deseos de una excelente labor futura, acompañados de la bomba, resguardando la ciudad. Una serie de fotos rememoran tal hecho. Era la primera compañía en la historia bomberil castreña en poseer una motobomba con motor a combustión interna, un paso vanguardista y de enorme responsabilidad, pese a que este tipo de máquina ya en los años 20 habían sido usadas con gran éxito entre las compañías de la Capital y les correspondía su redistribución. Aparte de que en Castro existían sólo dos autos o “burritas”. Para nuestra realidad y desarrollo urbano llegaba en un momento preciso, no sólo por los avatares incendiarios sino porque sería la simiente de nuevas bombas tecnológicamente modernas que vendrían porque la comunidad junto a sus bomberos, comprendieron la importancia de los avances en las máquinas para enfrentar al fuego y, por ello era preciso renovar el material mayor.

De esta máquina podemos indicar que era catalogada como bomba automóvil, modelo italiana, marca Lancia, de color amarillo con un gran “gallo” o carrete metálico en su sección posterior, completada con mangueras de 65 m/m.; dos chorizos a ambos lados sobre las pisaderas se extendían desde el capó hasta la cabina, que era abierta; compartimientos para guardar el material menor y toda la infraestructura técnica requerida completan la bomba. El vehículo era visitado constantemente por la curiosidad que despertaba y una auténtica comparsa iba tras la máquina cuando recorría las calles castreñas por cualquier arteria o al momento de realizar ejercicios los tercerinos lucían su flamante bomba. Además debieron preocuparse de preparar a maquinistas para su conducción, realizando cursos de choferes, pues eran mínimas las personas que saben manejar, sabiendo que sólo existían dos pequeños autos en Castro. En este sentido destacó el conductor Arturo Bolívar Aguayo, quien más tarde manejaría otras bombas, siendo el más capacitado. También debieron familiarizarse con el rubro de la mecánica y, conocer los secretos técnicos de la “La Lancia” para su reparación, obteniendo el mayor provecho, capacidad, velocidad, especialmente en lo relacionado al manejo de la turbina, succionando agua de los pozos de la ciudad, con una labor específica para los “chorizos”, pues ante cualquier error o falla técnica no funcionaban; recordemos que esta bomba automóvil no poseía estanque de agua incorporado.

Lo anterior entonces explica los constantes preparativos para un mejor desempeño en las contingencias; se salía raudamente del cuartel hasta el pozo más cercano del lugar amagado, luego se procedía a  instalar los chorizos succionando el agua, mientras tanto los bomberos procedían a extender las mangueras, a veces por varias cuadras o entre los patios interiores, hasta llegar al sector incendiado con sus pitones. Indudablemente esta acción si no era coordinada y rápida podía demorarse con consecuencias fáciles de proveer. Por ello, se suponía que la bomba automóvil aliada a los bomberos que las operaban sería el mejor dúo en la defensa de la ciudad, tal como aconteció en sus años de servicio.

Desde 1937 hasta 1942, esta bomba fue la única que poseía el Cuerpo de Bomberos, durante esos tiempos concurrió a todos los llamados de emergencia, siendo la única máquina que defendía a Castro, ganándose un merecido reconocimiento ciudadano y bomberil. Todos los voluntarios de las Compañías trabajaban en incendios con ella, y fue la salvadora de muchos siniestros y amagos. Aquellos seis años de activa labor donde la Tercera descolló como institución junto a la bomba automóvil, fueron los de mayor sacrificio, servicio, responsabilidad y entrega a la ciudadanía castreña.

La bomba, que ya tenía un desgaste mecánico producto de los largos años de uso al máximo de su capacidad en Santiago, y sumando al enorme trabajo a que fue sometido en Castro, paulatinamente y en poco tiempo comienza a fallar iniciándose una depreciación en su parte técnica, y no rendía como se esperaba en el trabajo bomberil, siendo sometida a constantes reparaciones tras sus últimos esfuerzos. Ya no podía continuar prestando utilidad, y con el tiempo dejada en su cuartel sin uso la muy eficiente máquina. Todavía transcurridos algunos años del decenio de los 40 y, pese a los permanentes arreglos, ya había cumplido su ciclo vital, feneciendo mecánicamente pese a los nobles trabajos, esfuerzos y servicios de sus bomberos por recuperarla. Algunos años más tarde, y fin de adquirir nuevos materiales menores, el Directorio decidió vender dicha máquina, principalmente por piezas, especialmente el motor, que fue adaptado y readecuado por una micro por un particular que realizó por primera vez el recorrido Castro-Dalcahue, iniciando con ello, por así decirlo, otra orientación de servicio público. Sus grandes carretes o “gallos” permanecieron durante largos años en el puerto local. Este fue el destino de la Lancia, que sirvió efectivamente un relativo tiempo, ganándose un reconocimiento pese a sus inconvenientes mecánicos, y demostrando de paso que una Compañía, aliadas a una bomba moderna, pueden constituirse en el mejor defensor comunitario, como lo comprobó la Tercera Compañía a fines de los años 30.

En los decenios venideros debieron abocarse al trabajo bomberil con el “gallo”, que consistía en dos ruedas con rayos de madera unidas por el centro a una masa de madera donde se arrollaban 4 ó 5 mangueras, alrededor de una del medio; en forma adjunta llevaba un cajón en cuyo interior se guardaban dos pitones, un gemelo y su llave para abrirlo; todo el material de bronce. Era trasladados a los lugares requeridos en la emergencias por vigorosos bomberos, que con dichos carretes a gran velocidad y corriendo desde el Cuartel al lugar amagado, extendían las tiras rápidamente, arrojando agua con sus pitones conectados a grifos. También se reforzaron con una motobomba para un mejor servicio. Sin embargo, durante los años 40 y 50, al existir sólo la máquina de la Segunda Compañía, con perfecta unidad laboral, cooperaban en todos los llamados de incendio, así siempre la comunidad estaba resguardada en una acción conjunta. Fueron estas dos décadas que identifican a la Tercera Compañía con los famosos “gallitos”, siendo la Compañía que durante más años se especializó con tales elementos, manejándolos a la perfección. Siempre recuerdan la gran extenuación por la enorme fuerza desplegada y resistencia en la carrera tirando “el gallo”, que era de mucho peso. Lo más difícil ocurría al bajar por calle Blanco, sujetándolo para no rodar sin control, otra cosa era acondicionarlo tras su uso, desaguando las mangueras, uniéndolas y arrollándolas para retornar al Cuartel, cansados, pero satisfechos por deber cumplido. Conscientes de su responsabilidad, acataban así, una voluntad de servicio al prójimo, como reconocieron los habitantes de ese entonces, toda vez de la enorme insuficiencia de recursos durante esos decenios.

Durante el terremoto de 1960, pese a que los “gallos” no pudieron utilizarse a pesar que la Compañía concurrió a los múltiples incendios en medio del caos reinante, extendiendo las mangueras, pero, los grifos estaban inutilizados. Entonces se abocaron al resguardo del mobiliario, haciendo guardia en distintos sectores y participando en reparticiones de alimentos, rescate de bienes y tantos otros aspectos que les implicó, al igual que otras Compañías, permanecer en estado de alerta más de un mes; incluso combatiendo los siniestros con elementos rudimentarios y haciendo “cortafuegos” en los diversos barrios afectados. Enorme despliegue de abnegación y filantropía.

Transcurren más de 15 largos años sin que la Compañía pueda disponer de una bomba acorde con la función para la cual fue creada y, sólo en la década del 60 recibe nuevo material mayor. Recordemos que el 22 de mayo de 1960 ocurrió el trágico terremoto con sus derivaciones de ruina y desolación, como también la terrible secuela de incendios en diferentes ciudades de Chiloé, empero Castro en este aspecto fue el más afectado, donde la situación era catastrófica por los siniestros en diferentes sectores de la ciudad. Ante tal realidad, el Supremo Gobierno de esa época adquiere una partida de bombas a Japón y, previendo nuevas contingencias, donó a los Cuerpo de Bomberos de la ciudades más damnificadas del Sur de Chile, moderno material mayor. Es así como a Castro le correspondió recibir un carro Nissan Junior para el año 1961, sin embargo, por diversas contingencias e influencias extremas a nuestra institución local transcurren cerca de dos años para que dicha máquina llegue definitivamente; incluso la que realmente estaba asignada al Cuerpo de Bomberos, de mayor capacidad y envergadura, fue destinada a otro Cuerpo, para sorpresa bomberil. Por fin en 1963, se cumple la promesa y en el mes de septiembre de recibe la nueva y moderna máquina. Era una Nissan Junior, dotada de un estanque con capacidad para 700 litros de agua, con boster incorporados detrás de la cabina del piloto; de mediano tamaño, con cabina descubierta, fabricada en Japón y portaba todos los adelantos técnicos requeridos: chorizos, escalas de techo movibles, cuerpo de bomba resistente, foco pedestal trasero, sirena eléctrica al costado del capó, y manual en el lugar del copiloto, operada con manilla; cabina simple, pisaderas laterales y posteriores, y el material menor accesorios.

En suma, una excelente bomba que reforzó notoriamente la labor del Cuerpo de Bomberos, fue incorporada a la Tercera Compañía y todo el Cuerpo se preparó para el recibimiento Otro acontecimiento histórico de cernía para Castro. Se esperó a la “Nissan” en Llau-Llao aquel 8 de septiembre y una caravana vehicular  la acompañó en su ingreso a la ciudad, escoltada por las otras bombas del Cuerpo de Bomberos ululando las sirenas. Una cortina de agua en la Plaza de Armas dio el marco bomberil en aquel lugar atestado de público que presenciaba la ceremonia del bautizo oficial.

 

Se editaron para la magna ocasión  sendos banderines y luego de las actividades protocolares y del Desfile de Honor, los voluntarios se trasladan a Villa Palmira, donde un ágape culmina el recorrido hecho. La bomba, es inmediatamente incorporada al servicio operativo, donde inició una larga trayectoria coronada por eficiencia. Máquina muy estimada y de enorme capacidad en el trabajo, brindó importante resguardo a Castro en unión a los tercerinos que le conocieron todos sus secretos mecánicos. Acorde a la capacidad, tesón, disciplina y serenidad de sus integrantes en una unidad e propósitos y compañerismos que se traducía en un trabajo efectivo y seguro, considerando el material disponible en ese período.

Su clásica figura recorriendo raudamente las calles de la ciudad con los bomberos sobre sus pisaderas y el característico sonido de su sirena otorgaban una estampa especial a la Nissan, como se la llamaba. Asistió a toso los llamados de emergencia durante la década de los 60, respondiendo cabalmente y con gran capacidad para levantar presión alimentando a los pitoneros como asimismo con su poder seccionador para los dos pequeños chorizos que tenía incorporados a ambos lados. Se constituyó en una bomba especial, maniobrable, y ganó un merecido reconocimiento, principalmente por su accionar en incendios donde los tercerinos destacaban usando óptimamente la máquina que, como auténticos escaladores, por diversos lados se subían sobra la Nissan, muchas veces cubriendo la parte trasera con sus cuerpos lo que les otorgaba una visión afectiva de la bomba, por su tamaño. También la apodaban “La bombita de Ubaldito”, por su activo Director de esos años: Ubaldo Bórquez Subiabre. El conductor que más se identificó con esta máquina, fue Rolando Pérez Cárcamo, entre otros.

Recuerdos puntuales para la Nissan, y auténtica prueba de fuego fue el siniestro de proporciones que apenas dos meses después de su llegada afectó a calle Lillo. En diciembre pudo demostrar su relevancia al iniciar el ataque con los pitones tercerinos al lugar, tanto por el frontis como por los patios traseros, impidiendo la extensión del fuego, cuyas consecuencias habrían sido desastrosas, laborando por más de cuatro horas, y controlándose el incendio a pesar de las pérdidas materiales. La bomba demostró su real valía y, de paso, aseguró que con una acción bomberil coordinada, el Cuerpo de Bomberos podría enfrentar cualquier tipo de emergencia, por enorme que fuera, contando con elementos técnicos modernos. En los años 1965; 1966 y 1967 recibía alimentación de agua casi exclusivamente de la 5° Compañía, por acuerdo de capitanes a través de las cajoneras con sus mangueras unidas de esta naciente Compañía.

También indicamos aquellos llamados de sirena del año 1965 en los incendios que afectaron sendas embarcaciones en el Puerto de Castro, como el caso de la “Guaiteca”, embarcación que transportaba combustible, quemándose íntegramente; la bomba desde el molo arrojaba agua con los pitones de alta presión; allí la Nissan demostró su velocidad y capacidad operativa. Esto, por mencionar dos hechos concretos. También acotamos los incendios del 11 de diciembre de 1968, que afectaron a cinco propiedades en calle Serrano, con una tempestad desatada; en calle San Martín, donde edificios de departamentos frente a la Escuela Nro. 2 se siniestraban, aquí se atacó con los pitones desde la misma entrada por el pasadizo escalera hasta dominarlo, quedando varias piezas intactas, excelente trabajo bomberil el de mayo de 1970 en Pedro Montt y el 6 de enero de 1971 que destruyó propiedades en calle Blanco; donde la bomba tercerina y sus bomberos cumplieron una relevante labor, entre tantos otros siniestros.

En dicho tiempo, y previo sorteo, les correspondió  el color aluminio como identificación para su material menor; desde entonces las mangueras, trifulcas y gemelos usados en la máquina, ostentaron tal color, como en el presente.

Así, hasta 1971 descolló en múltiples actividades que planificó la Compañía, y en todas aquellas emergencias durante los 9 años de activos servicios, donde los voluntarios supieron obtener mecánicamente su mayor potencial. Sin duda, una bomba que marcó una etapa destacada en el ámbito bomberil local, siendo muy apreciada y, sobre todo, cumplió con creces la responsabilidad asignada dirigida por los tercerinos, que orgullosos, fueron los artífices del excelente rendimiento de la Nissan. Durante dichos años, Castro recibe nuevo material mayor, a la Compañía se le asigna un Berliet, año 1970, que reemplazaría a la Nissan, de tantos recuerdos y reconocimientos comunitarios. En este recuento, se hace preciso indicar que desde 1966 la Sexta Compañía, institución recién fundada y que se localizaba en el sector de Castro Alto, no poseía una bomba para proteger al vecindario. La Comandancia como medida estratégica, preventiva y organizacional determina que la Nissan se incorpore a la Sexta Compañía, en donde continuó prestando eficientes servicios desde 1970, esta vez en otro populoso barrio en extensión. Allí, hasta 1975 se mantuvo en operatividad y. producto de la llegada de recientes bombas, más la política de redistribuir máquinas, reforzando a los otros Cuerpos de la Provincia, el Directorio General castreño en una emotiva ceremonia pública, el año 1982, hace entrega al Cuerpo de Bomberos de Puqueldón del carro bomba Nissan Junior que hasta la actualidad presta servicios en dicha institución.

Producto del apoyo gubernativo a los Cuerpos de Bomberos del país y la capacidad de gestión del Directorio castreño ante las autoridades nacionales bomberiles, se asignaron dos bombas nuevas a la institución, correspondiéndoles a la Segunda y Tercera Compañías. Estas dos modernas máquinas fueron y son un tremendo adelanto protector para Castro. En el mes de agosto de 1971 arriban procedentes de Valparaíso, vía terrestre a nuestra ciudad. De marca Berliet, modelo Gak-20, año 1970, bencinero, para 3.500 litros de agua sobre ruedas, con un peso total de 11.000 kilos, posee un cuerpo de bomba centrífuga.

El carro francés, de la fábrica de automóviles Renault. Eran las máquinas más adelantadas hasta ese entonces en Chile, causando gran admiración en la comunidad. Así, uno de los carros Berliet es nominado a la Tercera Compañía, el cual sería en nuevo aliado bomberil en todas las acciones de emergencia y normales que debieron desarrollar. Ya por fotografías, se comprobaba la macices de su estructura, sus líneas aerodinámicas y todos aquellos elementos tecnológicos que a priori se demostraba como la herramienta mayor para permitir el control incendiario con eficiencia.

Aquel 1° de agosto fue de gran alegría para los fastos tercerinos. Concurren a Llau-Llao en la Nissan junto a las otras Compañías a recibir a la nueva bomba. La asean, iniciando el regreso a nuestra ciudad acompañados por las otras máquinas y automóviles, en medio de gran algarabía, júbilo y felicidad. Los Berliet ingresan a Castro, provocando comentarios de todo orden. Se recibía al nuevo carro que sustituiría a la Nissan en la acción bomberil. Permanecen resguardado durante un mes en el patio de Carabineros ya que la Dirección de Aduanas no los entregaba oficialmente, mientras el personal se familiariza con la bomba en cuanto a conducción, trabajo de turbinas y todo el quehacer relativo a la actividad bomberil. Metas preventivas de gran y real importancia, toda vez que el 4 de septiembre, apenas con días de permanencia en  Castro, debieron actuar en el pavoroso incendio que afectó al edificio de la Gobernación, totalmente de madera en ese entonces, dando muestras de gran valía.

Efectivamente, el siniestro que destruyó dicho edificio en la madrugada, donde el Cuerpo de Bomberos utilizó todo el material disponible, fue el auténtico bautizo del fuego de los Berliet, respondiendo óptimamente, controlándose al amanecer. La Comandancia ordenó en pleno incendio el uso de las combas que estaban custodiadas, esto incluso antes de su entrega oficial a la comunidad; inteligente medida, ya que se laboró con las máquinas más modernas, las cuales ingresaron al historial bomberil con dicha acción, orgullosas de su capacidad, desde el frontis del edificio. La Compañía en ese incendio pudo laborar con las dos bombas de sus filas y fue la despedida ígnea de la Nissan, que oficialmente pertenecía a la Sexta Compañía desde el 8 de noviembre de 1970. Había acompañado a la institución desde los años 60, y demostró una vez más, su excelente servicio y versatilidad, funcionando desde el patio de Carabineros y Vialidad, protegiendo las viviendas que se encontraban en la parte posterior de la Gobernación, ubicadas en una zona de acopio de combustible. Septiembre de 1971 fue un mes histórico para la Tercera Compañía: se incorporó definitivamente su nueva bomba Berliet, orgullo para todo el cuerpo y por ende para la comunidad.

Fueron bautizados con gran alegría el 10 de septiembre en la Plaza de Armas, abarrotada de público. Cintas de colores adornaban las bombas, los padrinos respectivos, los bomberos uniformados y las autoridades daban un marco de jolgorio. Las cortinas de agua, el posterior desfile del material mayor sellaron un día muy particular. Con esta fecha, oficialmente el Berliet tercerino es incorporado a la Compañía. Sirviendo permanentemente y, acompañando el accionar hasta la década del 80; siendo muy estimado por los voluntarios que sirvieron con dicha bomba en los años 70 y 80.

Aparte de las actividades regulares: aseo, limpieza, reparaciones técnicas, ejercicios con material menor de 70 y 50 m/m., prácticas de conducción, manejo de turbina y todas aquellas actividades inherentes, a fin de conocer todos los secretos mecánicos, familiarizándose con el Berliet, la Compañía tapizó los asientos dándoles una característica muy especial y, al poco tiempo, previa preparación, responsabilidad y profesionalismo dominaron a la perfección a esta nueva máquina que, en unión a los tercerinos formaron una excelente dupla laboral al servicio de los habitantes de Castro.

Desde 1971 y hasta 1990, esta bomba asistió a todas las emergencias que requirieron la atención de la Compañía, incluso en sectores rurales. Aquí puntualizamos los enormes incendios de los años 70, como en 1975 en el Gimnasio Fiscal antiguo; el de 1976 en el edificio de madera ubicado en Esmeralda esquina Plaza Prats; la Barraca San Bruno en Av. Pacífico; palafitos barracas en calle Pedro Montt en 1981, por nombrar algunos, donde el Cuerpo de Bomberos con todo su material mayor y menor desplegado dio muestras de su real valía.

Fueron cerca de 20 años de continuo desgaste operacional, rindiendo al máximo de su capacidad, cumpliendo una eficiente labor. Producto de las dos décadas de uso bomberil y habiendo cumplido su ciclo vital de trabajo, permanece algún tiempo en resguardo. Como derivación de la política de reforzar otros Cuerpos menores y de redistribución las bombas, el Directorio General traspasó el Berliet al Cuerpo de Bomberos de Chonchi, donde tras una reparación total a la máquina, continúa prestando un relevante servicio comunitario desde 1991 hasta la actualidad.

Por intermedio de dicho traspaso, y como resultado del receso de la Primera Compañía, la Comandancia ordena que la máquina de dicha Compañía, sea utilizada por la Tercera Compañía desde el año 1990 a la fecha. Así, esta bomba sería la cuarta en la historia institucional tercerina, es también un carro bomba Berliet Camiva, petrolero, año 1980; moderno y con todos los adelantos tecnológicos que, a contar del año 90 incorporado a los tercerinos defiende a la comunidad junto al activo trabajo de sus integrantes. Con esta máquina asisten a los diversos amagos, incendios y otros así como todas las actividades relativas al servicio en el presente. También acotamos que la Compañía tiene asignado el cuidado, mantención y responsabilidad de la reliquia “Bomba a Brazos”, símbolo institucional del Cuerpo de Bomberos de Castro.

Con ocasión del Centenario, la Junta Nacional  asigna un moderno carro bomba al Cuerpo de Bomberos, incorporado a la Tercera Compañía. Es un Camiva Renault Albertville, Me-180, Francés modelo 1996, con estanque para 3.500 litros de agua, motobomba y todos los elementos de material menor incorporados. Fue bautizado el 8 de marzo inmerso en los actos celebratorios en Plaza Prats y, desde esta fecha oficialmente cumple todas las tareas ejecutivas de la Compañía.

La historia de los 70 años del material mayor de la Tercera Compañía es el mejor ejemplo del esfuerzo de aquellos que sirvieron en sus filas, y testimonio elocuente de cómo a través de sus bombas protegieron nuestra ciudad, cimentando en la práctica las bases de su lema “Deber y Abnegación”.

 

ASPECTOS RELEVANTES DE LA VIDA INSTITUCIONAL TERCERINA

 

              Desde el decenio de los 50 y hasta la década de los años 90, la Compañía prosigue regularmente sus actividades, importante mencionar que en virtud de la estimación que sus bomberos sienten por la institución, en todas las épocas ha sabido responder a las nuevas exigencias del medio o dificultades organizacionales, y por ende del Cuerpo, revitalizando cada vez a la Tercera Compañía, que siempre ha ostentado una sostenida trayectoria cíclica, con una historia permanente, sin interrupciones. Sin duda, es el mejor ejemplo de un  trabajo mancomunado y un desafío para las nuevas generaciones de bomberos.

 

              Entre algunos hechos puntuales de su desarrollo como Compañía en sus largos años de vida, y que reflejan la importancia lograda, podemos indicar que desde los años 50 renuevan sus cascos por otros de modelo francés, tipo “cucalón”, caracterizados por una larga visera en punta y cortos en la sección posterior, rodeados de una huincha de bronce, confeccionados con material de yeso mezclado, prácticos y muy livianos, que fueron típicos de esta institución por bastantes años. Llevaban el número 3 de bronce, que iba prácticamente adosado pues no contemplaban cucarda; a fines de los años 60 cambian dichos cascos por los de tipo americano, similar a todas las Compañías. También fue en estos años cuando estrenan su nuevo uniforme de parada que luego los identificaría; era una guerrera con cuello abierto tipo vestón, color rojo claro, botones dorados con el sello del número respectivo, solapas y bocamangas del mismo color; los oficiales usaban charreteras de género en las mangas cuyas cintas simbolizaban el cargo respectivo; corbata negra, pantalón y cinturón blanco tipo Máuser con  culebrilla para abrocharse, posteriormente se mantuvo el color, cambiándose le hebilla por una más ancha con la impresión del número de la Compañía . Hermosas prendas que dieron prestancia a sus bomberos hasta los años 80.

 

              Recordemos que a inicios del último decenio,  se renueva el uniforme de presentación en todo el Cuerpo de Bomberos, comenzando a usarse una chaqueta de corte militar, color rojo, similar para todos los voluntarios.

 

              Para el accionar bomberil usaban cotonas de cuero que durante las décadas del 50 y 60 eran relativamente cortas y las clásicas para los voluntarios castreños, largas, aluminizadas, importadas de Japón, con broches metálicos. Más tarde utilizan una chaqueta larga, alonizada, de un género similar a un cotelé negro muy duro; americanas, excelentes vestimentas, aún utilizadas.

 

              La obtención de recursos era otra preocupación de los tercerinos, debido a las muchas necesidades que solventar a través del tiempo. Notamos la preocupación de sus integrantes para la consecución de sus objetivos; ya en 1950 en plenas Fiestas Patrias organizaban bailes sociales en el “Hotel Luxor”; atendían ramadas también para las mismas celebraciones en 1956, por mencionar algunos ejemplos. Estas acciones eran repetidas anualmente; aparte del sistema de socios cooperadores, las rifas, competencias de naipes, bailes, fondas bailables y otros, que permitían una mejor gestión institucional.

 

              Importante rememorar que en 1956, la Tercera Compañía contabilizaba 26 bomberos activos y dos honorarios, además como material menor numeraba 105 metros de manguear bajo su dependencia. Entre las actividades que más identificaban a la Compañía estaban las romerías al cementerio en el “Día de Todos los Santos” ocasión en que desfilaban con el vestuario de parada, siendo muy comentada esta actividad. Período también en que se empieza a usarse el estandarte institucional que los representa hasta hoy, una especie de bandera tercerina con fondo rojo claro, destacando como ornamentos un grifo, dos pitones con sus respectivas mangueras arrojando agua, todo de color plomo, y las inscripciones con letras amarillas que indican el número de la Compañía, el lema, la ciudad. Sin duda un estandarte muy especial, que siempre se muestra en todos aquellos momentos solemnes y especiales en que participa la Tercera Compañía, éste fue confeccionado y bordado por las reverentes Monjas Hijas de la Misericordia.

 

              Fue en el año 1959 cuando el voluntario de ese entonces Luis Bustamante Bustamante impregnado de sentimientos hacia su Compañía, escribió el Himno Institucional junto a la música marcial de la composición, Cantada por vez primera causó profunda emoción, siendo declarado Himno Oficial de la Tercera Compañía. Desde aquel año, es interpretado en cada ocasión que lo amerita.

 

              Durante los años 60, la Compañía debió retirarse de su exclusiva cuartel de calle esmeralda, al ser enajenado para obtener nuevos recursos. Sentimientos encontrados provocó esta medida entre los bomberos de aquellos tiempos, ya que ese lugar se había convertido en símbolo y sitio tradicional de la Tercera Compañía, además que la comunidad ya identificaba aquel entorno bomberil. Se trasladan a su futuro cuartel, y mientras tanto se cobijan en una especie de bodega de un piso donde se guardaba la Nissan, con una pequeña sala de sesiones, sin forro y con una ventanita orientada a la plaza, todo provisorio y precario, en los mismos terrenos del Cuartel Central y en el Club Social; era su segundo centro de accionar hasta la construcción del edificio. Allí, con la Nissan siempre presente, se preparaban para defender nuestra ciudad y realizaban las múltiples actividades que implica el quehacer de la Compañía. Hasta enero de 1971 permanecen en tal situación y en virtud de la edificación del Cuartel Central, les corresponde ubicación definitiva en tal lugar junto a otras dos Compañías. Su amplia sala de sesiones, más tarde agrandada con recursos propios, se localiza en el primer piso, ostentando en la puerta la placa estrellada con el número 3.

 

              Este lugar reúne todas las comodidades para su labor ejecutiva y administrativa. Ha sido alhajado por los mismos voluntarios en lo relativo al mobiliario. Guardan preciosos recuerdos de antaño, documentos, fotografías, diplomas, obsequios y un sinnúmero de otros elementos. Poseen un archivo de fotos que refleja todo el desarrollo y el transcurso de su vida institucional; entre ellas una reliquia fotográfica como es su directiva y bomberos del año 1935, representando a gran parte de la sociedad castreña de entonces. Aparte de su labor permanente en llamados de incendio u otras actividades donde se los requería y de las acciones propias regulares de la Compañía, durante mayo de 1960, en los días del terremoto, cumplieron guardia permanentemente en diversos sectores de la ciudad, en una labor sacrificada, entre otras actividades que cumplieron, por más de un mes.

 

              Como Compañía, han sido estimulados con Diplomas de Honor, al haberse adjudicado las mejores asistencias en los años 1969, 1972 y el segundo lugar en 1970 y 1974; en este último año contabilizaban 24 voluntarios. También Diplomas por primer lugar en el campeonato interno de baby-fútbol en 1983, y en 1974 en competencias bomberiles disputadas en Plaza Prats. Importante recalcar que en la década del 70 dieron inicio a una actividad de hermanamiento con la Tercera Compañía de Ancud, con gratas visitas entre los integrantes de ambas instituciones de una ciudad a otra anualmente, reforzando la fraternidad y convivencia tercerina. Un evento ejemplar, digno de imitarse. Este intercambio permitía destacados objetivos, como el de noviembre de 1977, con una placa recordatoria que indica: “Tercera Compañía de Bomberos de Ancud, a su congénere de Castro, con motivo de su visita de confraternidad bomberil. Ancud”.

 

              Mencionamos además, un cuadro con placa de bronce, de la  Tercera Compañía “Claro y Abasolo” de Santiago, a la de Castro, en 1975, con un mensaje fraternal.

 

              Remembranzas especiales conservamos de mayo de 1976, al conmemorar sus 50 años de vida al servicio de la comunidad. Ocasión donde celebran sus Bodas de Oro, inmerso en una variedad de actividades propias; sesión solemne, desfiles, presentaciones públicas, actos, concursos, ágapes, alocuciones radiales, por indicar algunas, sumado a la visita de las delegaciones provinciales. Bomberos honorarios y activos, reunidos en esta celebración histórica que se recuerda con gratos comentarios. Fueron 50 años bien laborados e ininterrumpidos en su accionar. Producto de este evento, la Tercera Compañía organizó un concurso público para idear el logo institucional, resultando ganador el profesor y socio cooperador Nelson Cuitiño, quien con su gráfica ideada representó al logotipo tercerino; una insignia que hoy se estampa en sus diversas prendas y materiales; es un bombero con tenida de trabajo en actitud combativa y posición ágil de  carrera, semiabrazando a un número 3 de grandes proporciones, que es conducido por un voluntario en un abrazo de salvataje. Todo el conjunto es rematado con el nombre de la Compañía, fecha fundacional y lema. Así dicho afiche pasó a ser el símbolo de la Tercera Compañía

 

              Respecto a estas mismas Bodas de Oro, acotamos que reciben una serie de estímulos, como platos recordatorios, cuadros de bronces y otros, de sus congéneres bomberiles, además se entregan Diplomas de Honor a Miembros Honorarios de parte del Directorio General y la propia Compañía.

 

              Importante mencionar a aquellos voluntarios tercerinos que, desde diversos cargos en su Compañía o en el Directorio, destacaron por su desempeño, ganándose un merecido reconocimiento. Siempre existen en toda institución, personas que sienten una profunda identificación por ella, especialmente entre los bomberos, más aún cuando el deber de servicio es netamente vocacional. La Tercera Compañía en todos sus períodos ha sabido construir relevantes grupos de voluntarios, hombres de experiencia y juventud, amalgama necesaria para un futuro con solidez. Haciendo un juicio histórico, concluimos que los años 30, y sobre todo en el decenio de los 60, son los que nítidamente permiten mostrar a la Compañía en pleno desarrollo sustentable. Estas décadas coinciden con un progreso material, base voluntaria y dirigencia institucional; trilogía que marca dos etapas y el potencial del accionar para las décadas del 70 y 80.

 

              Por el expuesto, una Compañía que cumple 70 años ha tenido entre sus integrantes un contingente muy numeroso de ciudadanos en todos sus decenios. Muchas generaciones de bomberos cumplieron su rol ante la comunidad, sin duda los nombres son cientos, pero todos tuvieron gran estimación por la Tercera Compañía y el servicio público. En esta oportunidad mencionamos a Rosendo Cárdenas Vidal, destacado Superintendente en 1967 y 1968, de brillante trayectoria bomberil Enrique Miranda López, Director en 1960, quien desempeñó otros cargos por años: fue Superintendente en 1957 y 1958, Comandante en 1947, Secretario General en 1952 y 1953, relevante Miembro Honorario que cumplió más de 52 años de servicio, lo que le ameritó poseer medalla de oro por dichos años y ser declarado Director Honorario, “Don Pancho” tuvo la gran ocasión de aparecer fotografiado uniformado al frontis de su cuartel con la Tercera Compañía a raíz del terremoto del 60, en la portada de la revista “Life” de EE.UU. Un hito histórico personal para orgullo del Cuerpo de Bomberos; fue el más estimado y antiguo voluntario de la década del 90; Luis Vera R., Capitán en 1950, cumpliendo una activa labor pese a los mínimos recursos de material menor; Carlos Triviño Márquez, a quien los propios tercerinos llamaron “El Gran Capitán”, emulando al capitán español del siglo XVI con sus victorias, fue sin duda uno de los más relevantes ejecutivos que ha tenido la Compañía desde 1952 a 1963 y de 1965 a 1974, su foto y leyenda lucen en la sala de sesiones; es nominado Capitán Honorario; Wenceslao Velásquez Mancilla, voluntario y Tesorero desde 1960, a toda prueba, también Miembro Honorario; Luis Bustamante Bustamante, Capitán en 1961, 2ª Comandante entre 1968 y 1971, Comandante desde 1962 a 1964 e Inspector General de Máquinas en 1965; una trayectoria bomberil ejemplar, aparte de ser autor del himno tercerino y en el presente Miembro Honorario; esto por mencionar algunos, deseamos que los puntualizados sean el reflejo de tantos bomberos que visitaron el uniforme de la Tercera Compañía.

 

              Los últimos decenios hacen proyectar la Compañía con bomberos recordados, nos referimos por ejemplo a su Directiva en 1961: Director Juan Pedro Barrientos Barría, quien en 1959 fue Superintendente; Capitán Luis Bustamante Bustamante; Secretario Cesar Vera Werner; que también ocupó el cargo de Pro-Tesorero General en 1969 y Secretario General: en 1957, hoy Miembro Honorario; Tesorero Alcides Morales Muñoz; Tte. 1ª Enrique Miranda López, el sempiterno bombero; Tte. 2ª César  Montiel Mancilla; también destacaba en esta generación Rosendo Cárdenas Vidal, bombero que ocupó el cargo de Tesorero General en 1969, recordado Miembro Honorario. Transcurren algunos años y otros voluntarios descollan por su accionar, nos referimos a Samuel Alarcón Quinchen también Pro-Secretario General en 1969 , 1974, más tres años consecutivos hasta 1980 y Secretario General en 1981 y 1982; fue comisionado para reorganizar Compañías con éxito, ocupando otros cargos en su institución, es Miembro Honorario; Ubaldo Bórquez Saldivia, el eterno Director ejemplar tercerino, estimado y recordado, que sintió como pocos a esta institución, siendo Director  desde 1971 has 1984, recibiendo en 1982 la “Medalla al Mérito” por su permanencia en el cargo por más de 10 años, fue nombrado Director Honorario; Edgardo Ballesteros Cárcamo, quien fue 2ª Comandante en 1965 y 1966, y ostentó el cargo de Comandante desde 1967 a 1985, siendo designado “Comandante Honorario” por los años de servicio y excelentes cometidos, ha sido históricamente el único Comandante que en forma consecutiva fue nominado por los voluntarios tanto tiempo. Con un aserie de logros y adquisiciones para el trabajo ejecutivo de la Comandancia como para las Compañías.

 

              En los últimos años agregamos a Ramón Asencio Bórquez, Capitán activo por más de 8 años y Tercer Comandante en 1991 y 1992; Ramón Urrutia Gallardo, Capitán varios períodos, Tercer Comandante, Instructor de Brigada; Teniente activo; Héctor Cárcamo Gómez,  Tesorero, Director y voluntario ejemplar; entre otros bomberos. También es preciso reconocer a aquellos que participaron activamente, como merecido reconocimiento: Orlando Miranda Soto; Isidro Asenjo matamala; Francisco calderón Rodríguez; Agustín Gallardo Cuitiño; Luis Vargas Muñoz; Pedro Ascencio Pérez, activo; Alberto Ballesteros Cárcamo; Luis Vargas Muñoz; Pedro Pérez Cárcamo; Fredy Andrade Carvajal, importante maquinista; Rolando Pérez Cárcamo, conductor del Nissan; Sergio Millapel Alderete; Pedro Barrientos Hernández; Pedro Oyarzo, sacrificado bombero, conocido como “Catucho”, Luis Barrientos Nahuel y José Díaz Alvarado. De esta forma los integrantes de esta Compañía, en todas las épocas han asimilado la relevancia de ser miembros de una sociedad que espera siempre su servicio voluntario y garantía real, en los toques de sirena y en las pruebas de valor, como acota su Himno.

 

              Entre tantos logros de estos últimos años,  indicamos que en el  rubro adquisiciones, tienen toallas para sus voluntarios, poseen un módulo gastronómico en el Parque Municipal, donde se efectúa el Festival Costumbrista, sus bomberos han efectuado cursos en la Academia Nacional del Bombero y obtenido premios como mejor Director y Capitán, también integran el Departamento de Estudios Técnicos como inspectores. En su afán por dotar de uniformes a sus voluntarios, adquirieron buzos de trabajo color negro con franjas amarillas, junto a quepis o gorros que completan dicho vestuario color plomo, visera roja con el símbolo logo de la Compañía con fondo amarillo y el lema; asimismo botas de seguridad, equipos de respiración autónoma, radios receptores, por mencionar parte del equipo e indumentaria. Uno de sus proyectos más importantes y verdaderos hito histórico para la Tercera Compañía, es haber acordado en una decisión trascendental en 1995 ser la Compañía que se trasladará al moderno Cuartel del sector Juan Soler Manfredini; así, descentralizan el servicio y se insertan en un lugar de fuerte expansión urbana y poblacional. Sin duda, una acertada propuesta futurista y vanguardista que con el transcurrir del tiempo comprobará lo acertado de la medida. De esta manera la Tercera Compañía en su nuevo Cuartel estratégico, punto neurálgico en el crecimiento de Castro, resguardará a la comunidad con rapidez y eficiencia.

 

              El domingo 9 de marzo de inauguró el flamante Cuartel localizado en la Población Juan Soler Manfredini, calle Ignacio Carrera Pinto, inmerso en el Centenario del Cuerpo de Bomberos. Edificio de dos pisos con todos los requerimientos, área de recreación y moderna sala de máquinas. Desde esa fecha es el nuevo centro bomberil del accionar tercerino.

 

              La Tercera Compañía continúa sus relevantes servicios, su historia como institución merece el mayor reconocimiento porque como está ligada a la comunidad local durante todo el presente siglo. Años de actividad sin interrupciones, sirven de sustento en todas las acciones pasadas, presentes y del porvenir que se iniciaron ese lejano 1ª de mayo de 1926, dando lustros al Cuerpo de Bomberos de Castro, con bomberos que entregaron todo de sí en la búsqueda del perfeccionamiento institucional y por ende de servicio al pueblo castreño.

 

             

 

CUERPO DE BOMBEROS DE CASTRO

COMANDANCIA

 

 

 

T E R C E R A    C O M P A Ñ I A

 

L E M A :

 

D E B E R

Y

A B N E G A C I O N

 

TERCRA COMPAÑÍA DE BOMBEROS

 

              La ciudad de Castro en la década del 20 paulatinamente aumenta sus construcciones y, según el censo del año 1925 ya contabilizaba 2.711 habitantes, cifra que se repartía familiarmente dentro del plan de la villa y sector del puerto. Por tanto, ya era un pueblo más grande, aunque con la relativo progreso. Continuaba cíclicamente afectado por constantes incendios; su destino así lo demostraba, templando a una comunidad ante la permanente adversidad. El trabajo bomberil de las dos primeras Compañías era dificultoso a causa de que contaban con mínimo material para combatir el fuego y de la creciente         inquietud por dotar de mayor contingencia a la institución, ya que pertenecen a Bomberos era consubstancial al poblado, otorgando un status social destacado. Todo esto, sumado a reorientaciones internas de ambas Compañías deseando encauzar los personalismos en un servicio público institucional nuevo, derivó en un consenso favorable, apoyado por el deseo de los vecinos, fueron las motivaciones que provocaron el nacimiento de otra Compañía.

 

              Transcurren 30 años desde que se formó la Primera Compañía y 26 años de la Segunda Compañía, cuando entre las cavilaciones propias de los primeros meses del año 1926, especialmente en el mes de abril con reuniones, citas, planes y buenos deseos se concluyó que se necesitaba la creación de una nueva Compañía, a fin de cooperar en el servicio de incendios, optimizar la acción bomberil, aportando nóveles voluntarios empeñados en sacrificarse por la ciudadanía, engrandeciendo aún más al Cuerpo de Bomberos de Castro. Fue así como un grupo de caracterizados vecinos castreños; algunos ex voluntarios, junto a bomberos activos de las dos Compañías dieron el impulso para fundar la tercera institución del Cuerpo. Para la formación de una nueva Compañía se requería en ese entonces un mínimo de 10 personas; se agruparon principalmente profesores de Educación Primaria motivados por el Director de la Escuela Elemental Miguel Aguilar Subiabre junto con los docentes Fidel Cárcamo Cárcamo y Carlos Barrientos González. Colegio que se localizaba entre la calle Gamboa y esquina Los Carrera. Fue un esfuerzo mancomunado para llevar a buen término la creación del tercer eslabón bomberil en ese año del 26. La comunidad estaba consciente, feliz y agradecida por tan importante hecho histórico; Castro iba a tener otra flamante Compañía.

 

              Justamente se escogió el 1° de mayo, Día del Trabajo, fecha simbólica y sin duda una analogía favorable, de suyo especial, para convocar la reunión constitutiva en los salones de actos del propio Cuerpo de Bomberos aquella mañana del día Sábado que implicaría futuros esfuerzos, sacrificios y voluntad. En una sala abarrotada de personas invitadas, junto al sentimiento noble del permanente servicio público, con la presencia del Directorio General, Oficiales de las Compañías, bomberos, autoridades y aquella pléyade de futuros voluntarios se concretizó la fundación de la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Castro, el 1° de mayo de 1926. Se exponen las motivaciones, se analizan la incorporación y se justifica plenamente entre vítores, aplausos y cálido entusiasmo. La institución ingresa automáticamente al Cuerpo y, formalmente se efectúan los trámites de rigor, refrendándolos ante el Notario que se encontraba presente; firmando los nuevos bomberos tercerinos el Acta Oficial de Constitución. Entre los planteamientos acotados se indicó que la Compañía sería de agua, a fin de reforzar la única institución que existía con dicha características complementando también a la de “Hachas y Escalas”; impusieron como lema de la Compañía: “DEBER Y ABNEGACION”, emblema señero para su futuros bomberos ya que refleja con tales palabras el rumbo futuro bomberil, y enorme significado moral. Comenzaría la recolección de fondos para obtener los necesarios elementos y equipos; planificación de las actividades bomberiles futuras… entre algunos aspectos. Finalmente los discursos con los deseos de éxito y prosperidad, incentivando al permanente esfuerzo, cumpliendo y sacrificado para la Compañía y comunidad. Ese sábado 1° de mayo ya transcurrió el mediodía fue de alegría para Castro y sus vecinos, como asimismo para el Cuerpo de Bomberos, por nacer una nueva Compañía hermana al servicio local. Una creación que nació sin traumas, sin prejuicios sino fruto de un consenso positivo. Se procedió a elegir Directorio de la Compañía entre los asistentes a la reunión constitutiva. Así, aquellos fundadores designados por aclamación fueron:

 

DIRECTOR: Miguel Aguilar Subiabre.

CAPITAN: Fidel Cárcamo Cárcamo.

TENIENTE 1°: Ricardo Peral B.

TENIENTE 2°: Carlos Barrientos González.

SECRETARIO: Gaspar Galindo V.

TESORERO: Demetrio Cárdenas Velásquez.

 

              Una excelente directiva, que a la semana siguiente inició inmediatamente su accionar junto a la veintena de bomberos tercerinos, algunos de ellos eran: Tirso Montiel; Santiago Velásquez; Osvaldo Silva; Bautista Mansilla; Froilán Figueroa; Rosendo Cárdenas Vidal; Hermógenes Díaz Vera; César Orrego; Darío Barrios Bórquez; Ramón Silva; Manuel Miranda; Arturo Cárcamo Cárdenas, fundador en décadas posteriores de otra Compañía. Sus integrantes se abocaron al perfeccionamiento en la actividad bomberil; ejercicios, marchas, guardias, reuniones, academias y otros aspectos preventivos. Se requería de personal preparado en un breve tiempo, para asistir a los llamados de incendio, tal como ocurrió durante esa década, donde la Tercera Compañía dio sus primeros pasos, comprobándose en la realidad la importancia de la nueva institución, no sólo entre la comunidad sino en el propio Cuerpo de Bomberos al ver reforzado el trabajo en emergencias. Sus inicios para los fundadores fueron de enorme sacrificio, no es fácil coordinar y organizar una labor que traspasó el tiempo, sirviendo ininterrumpidamente hasta hoy con ciclos de alto nivel y otros regulares. Al principio sus bomberos se destacaron inmediatamente, esto se explica porque muchos de ellos provenían de las otras Compañías, incluso algunos eran Oficiales, quienes aliados con los bomberos nuevos aportaron sus conocimientos y experiencias, conformando una consolidada agrupación, con objetivos claros.

 

              Se constituyó como Compañía de Agua, y por tanto debieron abocarse a ejercitarse precisamente en esta especialidad junto al material adecuado; para ello solicitaban prestados aquellos elementos a las otras Compañías o se ejercitaban mutuamente, toda vez que habían voluntarios activos que sabían de tales acciones. Así, en sus primeros llamados laboraron en conjunto a la Primera o Segunda Compañía y, con el mínimo material prestado por el Cuerpo.

 

              Los fundadores, para testimoniar tan relevante suceso e importar sus ingentes esfuerzos, elaboran la primera insignia que fue usada en el año 1926 y siguiente década en los uniformes, con legítimo orgullo. En el presente, guardan como preciada reliquia una de ellas en su sala de sesiones, obsequiada en mayo de 1976 por el Teniente 2° fundador, más tarde el Capitán don Carlos Barrientos González. Fue la primera condecoración ostentada por la Compañía, dice “Cuerpo de Bomberos”, un número 3 y bajo él la inscripción “Castro”; con un fondo circular color verde y un semirectángulo sobre el círculo. Aparte de las acciones habituales bomberiles debieron abocarse a recolectar fondos de diversas maneras, logrando ya antes de la fecha oficial de creación tercerina recursos necesarios destinados a solventar los múltiples elementos materiales requeridos, ya que el aporte institucional no alcanzaba a cubrir sus requerimientos. En 1935 y años siguientes las populares fondas y ramadas de Fiestas Patrias fueron motivo para obtener fondos. Así tenemos que a pocos años adquirieron baldes, escalas, bicheros, mangueras y pitones, estos últimos entregados por la Comandancia; también para sus voluntarios, casacas de cuero de cabretilla, cortas, color negro; cascos, cinturones, equipamientos necesarios no sólo para la acción bomberil sino como uniforme. Se caracterizaron por el uso de los populares “gallitos”, esos enormes carretes que arrollaban más de seis mangueras de 65 m/m., arrastrados a grandes distancias por vigorosos bomberos; estos artilugios identificaban a la “Tercera Compañía”, siendo así reconocidos.

 

              En lo referente a sus tenidas de parada, en sus inicios y durante varias décadas obtuvieron vía traspaso de las otras Compañías y como obsequios de la Escuela Militar cascos modelo prusiano dados de baja, con bellas decoraciones y franja de bronce que lo rodeaba, resaltando el número 3 frontal con un estrellado de finos adornos del mismo metal, complementados con su primer uniforme: una guerrera de corte militar, paño color azul-negro con bocacuello negro y un número 3 de bronce como decoración, bocamangas rojas y botones a todo lo largo de la prenda, también de bronce y con número, cinturón negro o blanco con una vaina para contener llaves de unión de fierro, pantalón blanco y zapatos negros. Hermosas prendas que dieron prestancia a sus integrantes. Incluso los cascos tenían en la sección superior un bonete metálico donde se instalaban los penachos militares blancos y rojo, usados así en los primeros años tanto en desfiles, ejercicios o emergencias; posteriormente dichos penachos son retirados del uso porque impedían el mejor accionar bomberil, a principios del 30, ostentando sólo el bonete de bronce que otorgaba una figura especial. En relación a su Cuartel, puntualizamos que gracias a sus excelentes gestiones, recursos, buenos oficios y relaciones públicas y particulares obtuvieron un valioso sitio donde se instaló su primer cuartel, un logro notable y de enorme plusvalía. Estaba localizado en calle Esmeralda, contiguo al sitio donde más tarde funcionó en Cine Centenario y hoy, lo hace el Museo Regional, por la vereda Este. Un pequeño edificio con aspecto de capilla de dos pisos, con un balcón muy destacado, amplias ventanas como fachada en el piso superior, totalmente de madera y una fina torres para el secado de mangueras tipo campanario del mismo material con líneas arquitectónicas llamativas junto a su hermosa veleta o marcaviento. Era reparado y arreglado por los mismos Tercerinos, allí concentraban toda su actividad, especialmente cuando dispusieron de la bomba automóvil que mantuvo en tal lugar su sala de máquinas junto a otros elementos. Poseía amplias puertas de madera y una rampa para vehículos pavimentada, incluida su vereda, ya en el año 1931, una novedad urbana para la época. Tras ese hall-garaje una espaciosa sala de sesiones y labor administrativa con salida al patio donde estaba la torre. En el 2° piso una sala utilizada para beneficios bailables les permitía obtener el financiamiento necesario. Allí funcionó la Comandancia por breve tiempo en 1950, ocupando el segundo piso, y, hasta fines de año 1956 aún funcionaba su Cuartel. Dicho edificio se derrumbó durante el terremoto de 1960. Mientras se construía el actual Cuartel, el Cuerpo de Bomberos arrendó un local para sesionar, un Club Social ubicado en calle Serrano con Sotomayor, apodándolo “lugar de don Marciano”, también fue el sustituto Cuartel tercerino. Sin duda, los avances obtenidos en sólo una década de vida demostraron un activo progreso institucional, basado en la calidad bomberil de aquellos fundadores.

 

              Al respecto rememoramos que en sólo pocos años sus bomberos destacaron a nivel general, entre algunos: Fidel Cárcamo Cárcamo, quien en 1925, siendo Capitán de la Segunda Compañía, se traslada para fundar la Tercera Compañía en 1926, y ya a fines de ese año como Primer Capitán Tercerino es elegido 2° Comandante hasta 1928, para luego, en 1929 y 1930, ser Comandante del Cuerpo de Bomberos, presentando su renuncia por traslado a otra ciudad. Fue el artífice de las enseñanzas ejecutivas, de incendios y otros aspectos, como Oficial, aportando sus conocimientos justamente cuando más se requería, el año de fundación; Demetrio Cárdenas Velásquez, encargado durante gran parte de su vida de los recursos tuvo gran capacidad de gestión para obtener nuevos fondos y su brillante desempeño le valió ser designado Tesorero General durante los años 40 y Superintendente en el decenio del 50, aunque ingresó a otra Compañía que fundó años más tarde. Santiago Velásquez Cárcamo, fundador y Oficial ejemplar a quien la propia Compañía le entregó un Diploma de Honor por 25 años de servicio en 1951; Emilio Márquez Oyarzún, destacado Director en 1931 y excelente Comandante en los años 1935 y 1936, tuvo su mando al Cuerpo de Bomberos en los gigantescos siniestros del año 1936, donde pese a los escasos elementos se cumplió una labor eficiente; Carlos Barrientos González, Teniente fundador y Capitán, creador de la primera insignia; también recordamos al Miembro Honorario Pedro Barrientos Barría y al destacado cronista, fotógrafo y bombero, Gilberto Provoste Angulo, vanguardista en el sentido de comenzar a retratar la vida cotidiana del Cuerpo de Bomberos; Leonidas Cárdenas, su Director en 1935 junto al Capitán Carlos Barrientos; mencionamos también al Director del mismo año O. Thielemann secundado por otros bomberos que orgullosos posaron en una relevante fotografía conservada en su actual sala; don Raúl Andrade B., el estimado Director del año 1946; Arturo Avendaño, Secretario General del Cuerpo de Bomberos en 1950. Muchos más nombres engrosaron sus filas, todos de una u otra forma dedicaron sus esfuerzos a su Compañía; los mencionados de aquellos años iniciales reflejan a muchos Tercerinos a través de estos años de vida institucional. La remembranza de aquel primer aniversario en 1927 con la fotografía de sus integrantes y el corneta bombero para las órdenes, en medio de la felicidad y alegría reflejaban cómo la Tercera consolidaba su accionar, improntados en el tradicional paseo después del desfile, mostrando orgullosos sus uniformes.

Así, a los pocos años de servicio justificaban su fundación y la importancia de esta nueva institución para la ciudad de Castro.

BOMBEROS Y BOMBAS DE LA TERCERA COMPAÑÍA EN ACCION

Desde 1926 a 1937 la Compañía no poseyó material mayor para combatir incendios. Esos años se entrenaba con vestimenta de trabajo, y cumplían una excelente labor en los llamados de emergencia. Interesante acotar que en los primeros años el manejo de los bicheros, hachas, palas y baldes, fueron parte de su accionar, pero también al ser Compañía de Agua su proyección institucional debió abocarde en este sentido; esto implicó que las mangueras, gemelos, pitones y lo inherente a su especialidad que utiliza tal elemento debió ejercitarse con mayor ahínco. Así, ejercicios combinados, prácticas de extendido de material, aprendizaje de amarrado de tiras, entre otros, se convirtieron en aspectos destacados; todo esto inmerso considerando que en este período se carecía de elementos, prestándose unos a otros el material o en donde al momento de ocurrir un incendio todos debían laborar, sin distinción de Compañías. Sin embargo, la Tercera siempre utilizó los “gallos”, que fueron parte relevante de su vida. Durante sus primeros tiempos y en virtud de excelentes Oficiales con gran experiencia y bomberos activos, se destacaron notoriamente; su participación en todos los llamados de aquellos 12 años sin bomba así lo demostró, cooperando con la clásica Bomba a Vapor o transportando el propio material menor. Los dos incendios de 1934, el terrorífico siniestro de marzo de 1936 y, el de octubre del mismo año en calle Gamboa, hasta el pavoroso incendio de 1937; por mencionar los más destacados entre tantos otros siniestros derivaron en un reconocimiento de la Tercera Compañía, toda vez que sus voluntarios dirigían al Cuerpo en la Comandancia. Se fue paulatinamente templando y formando el espíritu de servicio, de abnegación y entrega de los Tercerinos tanto en bomberos nuevos como de experiencia.

Como consecuencia de los siniestros en material bomberil era mínimo y con la situación económica apremiante, el Ministro de Hacienda, aparte del Municipio Castreño, entregó fondos de $ 100.000, como subvención extraordinaria al Cuerpo de Bomberos, esto, y el conocimiento que se tenía en Santiago de la precariedad del material mayor y las responsable gestión del  Directorio General, derivaron en que a fines de 1937 se recibiera una Bomba Automóvil destinada a la Tercera Compañía. Con antelación se preparó la llegada de la nueva máquina, aun auténtico revuelo provocó la noticia en la comunidad y, la grandiosa felicidad colectiva reflejaba en la multitud congregada en el puerto, esperando la recalada del buque. El Cuerpo de Bomberos formado cifrada esperanzas, por fin Castro contaría con máquinas modernas; fue una novedad comunitaria para esos años, en que sólo se conocían las calderas de la Bomba a Vapor. La impresión era aún mayor, toda vez que los grandes incendios ocurridos habían dejado una profunda secuela de destrucción, se vivía permanentemente sobresaltado, toda vez que sólo un año antes, el gran incendio del 36 consumió las tres cuartas partes de su edificación; por ello el regocijo contenido de los habitantes y de los bomberos. Una nueva etapa técnica de cernía a nivel institucional.

Desembarca en el molo, siendo apreciada por la multitud, era realmente una hermosa máquina, impresionante, de bellas líneas e idónea para la acción bomberil. Funcionando asciende por calle Blanco rodeada de personas hasta el propio centro de la Plaza Prats donde con fecha 12 de octubre de 1937 se procedió a la bendición de la bomba automóvil. Autoridades, voluntarios, oficiales, padrinos y el sacerdote, junto al pueblo reunido, presenciaron la ceremonia; posteriormente hubo desfile y un ejercicio práctico, en que la bomba demostró su capacidad ante una sorprendida multitud que nunca había presenciado tal actividad. La jornada histórica, llena de emociones, concluye con un ágape y los deseos de una excelente labor futura, acompañados de la bomba, resguardando la ciudad. Una serie de fotos rememoran tal hecho. Era la primera compañía en la historia bomberil castreña en poseer una motobomba con motor a combustión interna, un paso vanguardista y de enorme responsabilidad, pese a que este tipo de máquina ya en los años 20 habían sido usadas con gran éxito entre las compañías de la Capital y les correspondía su redistribución. Aparte de que en Castro existían sólo dos autos o “burritas”. Para nuestra realidad y desarrollo urbano llegaba en un momento preciso, no sólo por los avatares incendiarios sino porque sería la simiente de nuevas bombas tecnológicamente modernas que vendrían porque la comunidad junto a sus bomberos, comprendieron la importancia de los avances en las máquinas para enfrentar al fuego y, por ello era preciso renovar el material mayor.

De esta máquina podemos indicar que era catalogada como bomba automóvil, modelo italiana, marca Lancia, de color amarillo con un gran “gallo” o carrete metálico en su sección posterior, completada con mangueras de 65 m/m.; dos chorizos a ambos lados sobre las pisaderas se extendían desde el capó hasta la cabina, que era abierta; compartimientos para guardar el material menor y toda la infraestructura técnica requerida completan la bomba. El vehículo era visitado constantemente por la curiosidad que despertaba y una auténtica comparsa iba tras la máquina cuando recorría las calles castreñas por cualquier arteria o al momento de realizar ejercicios los tercerinos lucían su flamante bomba. Además debieron preocuparse de preparar a maquinistas para su conducción, realizando cursos de choferes, pues eran mínimas las personas que saben manejar, sabiendo que sólo existían dos pequeños autos en Castro. En este sentido destacó el conductor Arturo Bolívar Aguayo, quien más tarde manejaría otras bombas, siendo el más capacitado. También debieron familiarizarse con el rubro de la mecánica y, conocer los secretos técnicos de la “La Lancia” para su reparación, obteniendo el mayor provecho, capacidad, velocidad, especialmente en lo relacionado al manejo de la turbina, succionando agua de los pozos de la ciudad, con una labor específica para los “chorizos”, pues ante cualquier error o falla técnica no funcionaban; recordemos que esta bomba automóvil no poseía estanque de agua incorporado.

 Lo anterior entonces explica los constantes preparativos para un mejor desempeño en las contingencias; se salía raudamente del cuartel hasta el pozo más cercano del lugar amagado, luego se procedía a  instalar los chorizos succionando el agua, mientras tanto los bomberos procedían a extender las mangueras, a veces por varias cuadras o entre los patios interiores, hasta llegar al sector incendiado con sus pitones. Indudablemente esta acción si no era coordinada y rápida podía demorarse con consecuencias fáciles de proveer. Por ello, se suponía que la bomba automóvil aliada a los bomberos que las operaban sería el mejor dúo en la defensa de la ciudad, tal como aconteció en sus años de servicio.

Desde 1937 hasta 1942, esta bomba fue la única que poseía el Cuerpo de Bomberos, durante esos tiempos concurrió a todos los llamados de emergencia, siendo la única máquina que defendía a Castro, ganándose un merecido reconocimiento ciudadano y bomberil. Todos los voluntarios de las Compañías trabajaban en incendios con ella, y fue la salvadora de muchos siniestros y amagos. Aquellos seis años de activa labor donde la Tercera descolló como institución junto a la bomba automóvil, fueron los de mayor sacrificio, servicio, responsabilidad y entrega a la ciudadanía castreña.

La bomba, que ya tenía un desgaste mecánico producto de los largos años de uso al máximo de su capacidad en Santiago, y sumando al enorme trabajo a que fue sometido en Castro, paulatinamente y en poco tiempo comienza a fallar iniciándose una depreciación en su parte técnica, y no rendía como se esperaba en el trabajo bomberil, siendo sometida a constantes reparaciones tras sus últimos esfuerzos. Ya no podía continuar prestando utilidad, y con el tiempo dejada en su cuartel sin uso la muy eficiente máquina. Todavía transcurridos algunos años del decenio de los 40 y, pese a los permanentes arreglos, ya había cumplido su ciclo vital, feneciendo mecánicamente pese a los nobles trabajos, esfuerzos y servicios de sus bomberos por recuperarla. Algunos años más tarde, y fin de adquirir nuevos materiales menores, el Directorio decidió vender dicha máquina, principalmente por piezas, especialmente el motor, que fue adaptado y readecuado por una micro por un particular que realizó por primera vez el recorrido Castro-Dalcahue, iniciando con ello, por así decirlo, otra orientación de servicio público. Sus grandes carretes o “gallos” permanecieron durante largos años en el puerto local. Este fue el destino de la Lancia, que sirvió efectivamente un relativo tiempo, ganándose un reconocimiento pese a sus inconvenientes mecánicos, y demostrando de paso que una Compañía, aliadas a una bomba moderna, pueden constituirse en el mejor defensor comunitario, como lo comprobó la Tercera Compañía a fines de los años 30.

En los decenios venideros debieron abocarse al trabajo bomberil con el “gallo”, que consistía en dos ruedas con rayos de madera unidas por el centro a una masa de madera donde se arrollaban 4 ó 5 mangueras, alrededor de una del medio; en forma adjunta llevaba un cajón en cuyo interior se guardaban dos pitones, un gemelo y su llave para abrirlo; todo el material de bronce. Era trasladados a los lugares requeridos en la emergencias por vigorosos bomberos, que con dichos carretes a gran velocidad y corriendo desde el Cuartel al lugar amagado, extendían las tiras rápidamente, arrojando agua con sus pitones conectados a grifos. También se reforzaron con una motobomba para un mejor servicio. Sin embargo, durante los años 40 y 50, al existir sólo la máquina de la Segunda Compañía, con perfecta unidad laboral, cooperaban en todos los llamados de incendio, así siempre la comunidad estaba resguardada en una acción conjunta. Fueron estas dos décadas que identifican a la Tercera Compañía con los famosos “gallitos”, siendo la Compañía que durante más años se especializó con tales elementos, manejándolos a la perfección. Siempre recuerdan la gran extenuación por la enorme fuerza desplegada y resistencia en la carrera tirando “el gallo”, que era de mucho peso. Lo más difícil ocurría al bajar por calle Blanco, sujetándolo para no rodar sin control, otra cosa era acondicionarlo tras su uso, desaguando las mangueras, uniéndolas y arrollándolas para retornar al Cuartel, cansados, pero satisfechos por deber cumplido. Conscientes de su responsabilidad, acataban así, una voluntad de servicio al prójimo, como reconocieron los habitantes de ese entonces, toda vez de la enorme insuficiencia de recursos durante esos decenios.

Durante el terremoto de 1960, pese a que los “gallos” no pudieron utilizarse a pesar que la Compañía concurrió a los múltiples incendios en medio del caos reinante, extendiendo las mangueras, pero, los grifos estaban inutilizados. Entonces se abocaron al resguardo del mobiliario, haciendo guardia en distintos sectores y participando en reparticiones de alimentos, rescate de bienes y tantos otros aspectos que les implicó, al igual que otras Compañías, permanecer en estado de alerta más de un mes; incluso combatiendo los siniestros con elementos rudimentarios y haciendo “cortafuegos” en los diversos barrios afectados. Enorme despliegue de abnegación y filantropía.

Transcurren más de 15 largos años sin que la Compañía pueda disponer de una bomba acorde con la función para la cual fue creada y, sólo en la década del 60 recibe nuevo material mayor. Recordemos que el 22 de mayo de 1960 ocurrió el trágico terremoto con sus derivaciones de ruina y desolación, como también la terrible secuela de incendios en diferentes ciudades de Chiloé, empero Castro en este aspecto fue el más afectado, donde la situación era catastrófica por los siniestros en diferentes sectores de la ciudad. Ante tal realidad, el Supremo Gobierno de esa época adquiere una partida de bombas a Japón y, previendo nuevas contingencias, donó a los Cuerpo de Bomberos de la ciudades más damnificadas del Sur de Chile, moderno material mayor. Es así como a Castro le correspondió recibir un carro Nissan Junior para el año 1961, sin embargo, por diversas contingencias e influencias extremas a nuestra institución local transcurren cerca de dos años para que dicha máquina llegue definitivamente; incluso la que realmente estaba asignada al Cuerpo de Bomberos, de mayor capacidad y envergadura, fue destinada a otro Cuerpo, para sorpresa bomberil. Por fin en 1963, se cumple la promesa y en el mes de septiembre de recibe la nueva y moderna máquina. Era una Nissan Junior, dotada de un estanque con capacidad para 700 litros de agua, con boster incorporados detrás de la cabina del piloto; de mediano tamaño, con cabina descubierta, fabricada en Japón y portaba todos los adelantos técnicos requeridos: chorizos, escalas de techo movibles, cuerpo de bomba resistente, foco pedestal trasero, sirena eléctrica al costado del capó, y manual en el lugar del copiloto, operada con manilla; cabina simple, pisaderas laterales y posteriores, y el material menor accesorios.

En suma, una excelente bomba que reforzó notoriamente la labor del Cuerpo de Bomberos, fue incorporada a la Tercera Compañía y todo el Cuerpo se preparó para el recibimiento Otro acontecimiento histórico de cernía para Castro. Se esperó a la “Nissan” en Llau-Llao aquel 8 de septiembre y una caravana vehicular  la acompañó en su ingreso a la ciudad, escoltada por las otras bombas del Cuerpo de Bomberos ululando las sirenas. Una cortina de agua en la Plaza de Armas dio el marco bomberil en aquel lugar atestado de público que presenciaba la ceremonia del bautizo oficial.

Se editaron para la magna ocasión  sendos banderines y luego de las actividades protocolares y del Desfile de Honor, los voluntarios se trasladan a Villa Palmira, donde un ágape culmina el recorrido hecho. La bomba, es inmediatamente incorporada al servicio operativo, donde inició una larga trayectoria coronada por eficiencia. Máquina muy estimada y de enorme capacidad en el trabajo, brindó importante resguardo a Castro en unión a los tercerinos que le conocieron todos sus secretos mecánicos. Acorde a la capacidad, tesón, disciplina y serenidad de sus integrantes en una unidad e propósitos y compañerismos que se traducía en un trabajo efectivo y seguro, considerando el material disponible en ese período.

Su clásica figura recorriendo raudamente las calles de la ciudad con los bomberos sobre sus pisaderas y el característico sonido de su sirena otorgaban una estampa especial a la Nissan, como se la llamaba. Asistió a toso los llamados de emergencia durante la década de los 60, respondiendo cabalmente y con gran capacidad para levantar presión alimentando a los pitoneros como asimismo con su poder seccionador para los dos pequeños chorizos que tenía incorporados a ambos lados. Se constituyó en una bomba especial, maniobrable, y ganó un merecido reconocimiento, principalmente por su accionar en incendios donde los tercerinos destacaban usando óptimamente la máquina que, como auténticos escaladores, por diversos lados se subían sobra la Nissan, muchas veces cubriendo la parte trasera con sus cuerpos lo que les otorgaba una visión afectiva de la bomba, por su tamaño. También la apodaban “La bombita de Ubaldito”, por su activo Director de esos años: Ubaldo Bórquez Subiabre. El conductor que más se identificó con esta máquina, fue Rolando Pérez Cárcamo, entre otros.

Recuerdos puntuales para la Nissan, y auténtica prueba de fuego fue el siniestro de proporciones que apenas dos meses después de su llegada afectó a calle Lillo. En diciembre pudo demostrar su relevancia al iniciar el ataque con los pitones tercerinos al lugar, tanto por el frontis como por los patios traseros, impidiendo la extensión del fuego, cuyas consecuencias habrían sido desastrosas, laborando por más de cuatro horas, y controlándose el incendio a pesar de las pérdidas materiales. La bomba demostró su real valía y, de paso, aseguró que con una acción bomberil coordinada, el Cuerpo de Bomberos podría enfrentar cualquier tipo de emergencia, por enorme que fuera, contando con elementos técnicos modernos. En los años 1965; 1966 y 1967 recibía alimentación de agua casi exclusivamente de la 5° Compañía, por acuerdo de capitanes a través de las cajoneras con sus mangueras unidas de esta naciente Compañía.

También indicamos aquellos llamados de sirena del año 1965 en los incendios que afectaron sendas embarcaciones en el Puerto de Castro, como el caso de la “Guaiteca”, embarcación que transportaba combustible, quemándose íntegramente; la bomba desde el molo arrojaba agua con los pitones de alta presión; allí la Nissan demostró su velocidad y capacidad operativa. Esto, por mencionar dos hechos concretos. También acotamos los incendios del 11 de diciembre de 1968, que afectaron a cinco propiedades en calle Serrano, con una tempestad desatada; en calle San Martín, donde edificios de departamentos frente a la Escuela Nro. 2 se siniestraban, aquí se atacó con los pitones desde la misma entrada por el pasadizo escalera hasta dominarlo, quedando varias piezas intactas, excelente trabajo bomberil el de mayo de 1970 en Pedro Montt y el 6 de enero de 1971 que destruyó propiedades en calle Blanco; donde la bomba tercerina y sus bomberos cumplieron una relevante labor, entre tantos otros siniestros.

En dicho tiempo, y previo sorteo, les correspondió  el color aluminio como identificación para su material menor; desde entonces las mangueras, trifulcas y gemelos usados en la máquina, ostentaron tal color, como en el presente.

Así, hasta 1971 descolló en múltiples actividades que planificó la Compañía, y en todas aquellas emergencias durante los 9 años de activos servicios, donde los voluntarios supieron obtener mecánicamente su mayor potencial. Sin duda, una bomba que marcó una etapa destacada en el ámbito bomberil local, siendo muy apreciada y, sobre todo, cumplió con creces la responsabilidad asignada dirigida por los tercerinos, que orgullosos, fueron los artífices del excelente rendimiento de la Nissan. Durante dichos años, Castro recibe nuevo material mayor, a la Compañía se le asigna un Berliet, año 1970, que reemplazaría a la Nissan, de tantos recuerdos y reconocimientos comunitarios. En este recuento, se hace preciso indicar que desde 1966 la Sexta Compañía, institución recién fundada y que se localizaba en el sector de Castro Alto, no poseía una bomba para proteger al vecindario. La Comandancia como medida estratégica, preventiva y organizacional determina que la Nissan se incorpore a la Sexta Compañía, en donde continuó prestando eficientes servicios desde 1970, esta vez en otro populoso barrio en extensión. Allí, hasta 1975 se mantuvo en operatividad y. producto de la llegada de recientes bombas, más la política de redistribuir máquinas, reforzando a los otros Cuerpos de la Provincia, el Directorio General castreño en una emotiva ceremonia pública, el año 1982, hace entrega al Cuerpo de Bomberos de Puqueldón del carro bomba Nissan Junior que hasta la actualidad presta servicios en dicha institución.

Producto del apoyo gubernativo a los Cuerpos de Bomberos del país y la capacidad de gestión del Directorio castreño ante las autoridades nacionales bomberiles, se asignaron dos bombas nuevas a la institución, correspondiéndoles a la Segunda y Tercera Compañías. Estas dos modernas máquinas fueron y son un tremendo adelanto protector para Castro. En el mes de agosto de 1971 arriban procedentes de Valparaíso, vía terrestre a nuestra ciudad. De marca Berliet, modelo Gak-20, año 1970, bencinero, para 3.500 litros de agua sobre ruedas, con un peso total de 11.000 kilos, posee un cuerpo de bomba centrífuga.

El carro francés, de la fábrica de automóviles Renault. Eran las máquinas más adelantadas hasta ese entonces en Chile, causando gran admiración en la comunidad. Así, uno de los carros Berliet es nominado a la Tercera Compañía, el cual sería en nuevo aliado bomberil en todas las acciones de emergencia y normales que debieron desarrollar. Ya por fotografías, se comprobaba la macices de su estructura, sus líneas aerodinámicas y todos aquellos elementos tecnológicos que a priori se demostraba como la herramienta mayor para permitir el control incendiario con eficiencia.

Aquel 1° de agosto fue de gran alegría para los fastos tercerinos. Concurren a Llau-Llao en la Nissan junto a las otras Compañías a recibir a la nueva bomba. La asean, iniciando el regreso a nuestra ciudad acompañados por las otras máquinas y automóviles, en medio de gran algarabía, júbilo y felicidad. Los Berliet ingresan a Castro, provocando comentarios de todo orden. Se recibía al nuevo carro que sustituiría a la Nissan en la acción bomberil. Permanecen resguardado durante un mes en el patio de Carabineros ya que la Dirección de Aduanas no los entregaba oficialmente, mientras el personal se familiariza con la bomba en cuanto a conducción, trabajo de turbinas y todo el quehacer relativo a la actividad bomberil. Metas preventivas de gran y real importancia, toda vez que el 4 de septiembre, apenas con días de permanencia en  Castro, debieron actuar en el pavoroso incendio que afectó al edificio de la Gobernación, totalmente de madera en ese entonces, dando muestras de gran valía.

Efectivamente, el siniestro que destruyó dicho edificio en la madrugada, donde el Cuerpo de Bomberos utilizó todo el material disponible, fue el auténtico bautizo del fuego de los Berliet, respondiendo óptimamente, controlándose al amanecer. La Comandancia ordenó en pleno incendio el uso de las combas que estaban custodiadas, esto incluso antes de su entrega oficial a la comunidad; inteligente medida, ya que se laboró con las máquinas más modernas, las cuales ingresaron al historial bomberil con dicha acción, orgullosas de su capacidad, desde el frontis del edificio. La Compañía en ese incendio pudo laborar con las dos bombas de sus filas y fue la despedida ígnea de la Nissan, que oficialmente pertenecía a la Sexta Compañía desde el 8 de noviembre de 1970. Había acompañado a la institución desde los años 60, y demostró una vez más, su excelente servicio y versatilidad, funcionando desde el patio de Carabineros y Vialidad, protegiendo las viviendas que se encontraban en la parte posterior de la Gobernación, ubicadas en una zona de acopio de combustible. Septiembre de 1971 fue un mes histórico para la Tercera Compañía: se incorporó definitivamente su nueva bomba Berliet, orgullo para todo el cuerpo y por ende para la comunidad.

Fueron bautizados con gran alegría el 10 de septiembre en la Plaza de Armas, abarrotada de público. Cintas de colores adornaban las bombas, los padrinos respectivos, los bomberos uniformados y las autoridades daban un marco de jolgorio. Las cortinas de agua, el posterior desfile del material mayor sellaron un día muy particular. Con esta fecha, oficialmente el Berliet tercerino es incorporado a la Compañía. Sirviendo permanentemente y, acompañando el accionar hasta la década del 80; siendo muy estimado por los voluntarios que sirvieron con dicha bomba en los años 70 y 80.

Aparte de las actividades regulares: aseo, limpieza, reparaciones técnicas, ejercicios con material menor de 70 y 50 m/m., prácticas de conducción, manejo de turbina y todas aquellas actividades inherentes, a fin de conocer todos los secretos mecánicos, familiarizándose con el Berliet, la Compañía tapizó los asientos dándoles una característica muy especial y, al poco tiempo, previa preparación, responsabilidad y profesionalismo dominaron a la perfección a esta nueva máquina que, en unión a los tercerinos formaron una excelente dupla laboral al servicio de los habitantes de Castro

Desde 1971 y hasta 1990, esta bomba asistió a todas las emergencias que requirieron la atención de la Compañía, incluso en sectores rurales. Aquí puntualizamos los enormes incendios de los años 70, como en 1975 en el Gimnasio Fiscal antiguo; el de 1976 en el edificio de madera ubicado en Esmeralda esquina Plaza Prats; la Barraca San Bruno en Av. Pacífico; palafitos barracas en calle Pedro Montt en 1981, por nombrar algunos, donde el Cuerpo de Bomberos con todo su material mayor y menor desplegado dio muestras de su real valía.

Fueron cerca de 20 años de continuo desgaste operacional, rindiendo al máximo de su capacidad, cumpliendo una eficiente labor. Producto de las dos décadas de uso bomberil y habiendo cumplido su ciclo vital de trabajo, permanece algún tiempo en resguardo. Como derivación de la política de reforzar otros Cuerpos menores y de redistribución las bombas, el Directorio General traspasó el Berliet al Cuerpo de Bomberos de Chonchi, donde tras una reparación total a la máquina, continúa prestando un relevante servicio comunitario desde 1991 hasta la actualidad.

Por intermedio de dicho traspaso, y como resultado del receso de la Primera Compañía, la Comandancia ordena que la máquina de dicha Compañía, sea utilizada por la Tercera Compañía desde el año 1990 a la fecha. Así, esta bomba sería la cuarta en la historia institucional tercerina, es también un carro bomba Berliet Camiva, petrolero, año 1980; moderno y con todos los adelantos tecnológicos que, a contar del año 90 incorporado a los tercerinos defiende a la comunidad junto al activo trabajo de sus integrantes. Con esta máquina asisten a los diversos amagos, incendios y otros así como todas las actividades relativas al servicio en el presente. También acotamos que la Compañía tiene asignado el cuidado, mantención y responsabilidad de la reliquia “Bomba a Brazos”, símbolo institucional del Cuerpo de Bomberos de Castro.

Con ocasión del Centenario, la Junta Nacional  asigna un moderno carro bomba al Cuerpo de Bomberos, incorporado a la Tercera Compañía. Es un Camiva Renault Albertville, Me-180, Francés modelo 1996, con estanque para 3.500 litros de agua, motobomba y todos los elementos de material menor incorporados. Fue bautizado el 8 de marzo inmerso en los actos celebratorios en Plaza Prats y, desde esta fecha oficialmente cumple todas las tareas ejecutivas de la Compañía.

La historia de los 70 años del material mayor de la Tercera Compañía es el mejor ejemplo del esfuerzo de aquellos que sirvieron en sus filas, y testimonio elocuente de cómo a través de sus bombas protegieron nuestra ciudad, cimentando en la práctica las bases de su lema “Deber y Abnegación”.

ASPECTOS RELEVANTES DE LA VIDA INSTITUCIONAL TERCERINA

Desde el decenio de los 50 y hasta la década de los años 90, la Compañía prosigue regularmente sus actividades, importante mencionar que en virtud de la estimación que sus bomberos sienten por la institución, en todas las épocas ha sabido responder a las nuevas exigencias del medio o dificultades organizacionales, y por ende del Cuerpo, revitalizando cada vez a la Tercera Compañía, que siempre ha ostentado una sostenida trayectoria cíclica, con una historia permanente, sin interrupciones. Sin duda, es el mejor ejemplo de un  trabajo mancomunado y un desafío para las nuevas generaciones de bomberos.

Entre algunos hechos puntuales de su desarrollo como Compañía en sus largos años de vida, y que reflejan la importancia lograda, podemos indicar que desde los años 50 renuevan sus cascos por otros de modelo francés, tipo “cucalón”, caracterizados por una larga visera en punta y cortos en la sección posterior, rodeados de una huincha de bronce, confeccionados con material de yeso mezclado, prácticos y muy livianos, que fueron típicos de esta institución por bastantes años. Llevaban el número 3 de bronce, que iba prácticamente adosado pues no contemplaban cucarda; a fines de los años 60 cambian dichos cascos por los de tipo americano, similar a todas las Compañías. También fue en estos años cuando estrenan su nuevo uniforme de parada que luego los identificaría; era una guerrera con cuello abierto tipo vestón, color rojo claro, botones dorados con el sello del número respectivo, solapas y bocamangas del mismo color; los oficiales usaban charreteras de género en las mangas cuyas cintas simbolizaban el cargo respectivo; corbata negra, pantalón y cinturón blanco tipo Máuser con  culebrilla para abrocharse, posteriormente se mantuvo el color, cambiándose le hebilla por una más ancha con la impresión del número de la Compañía . Hermosas prendas que dieron prestancia a sus bomberos hasta los años 80.

Recordemos que a inicios del último decenio,  se renueva el uniforme de presentación en todo el Cuerpo de Bomberos, comenzando a usarse una chaqueta de corte militar, color rojo, similar para todos los voluntarios.

Para el accionar bomberil usaban cotonas de cuero que durante las décadas del 50 y 60 eran relativamente cortas y las clásicas para los voluntarios castreños, largas, aluminizadas, importadas de Japón, con broches metálicos. Más tarde utilizan una chaqueta larga, alonizada, de un género similar a un cotelé negro muy duro; americanas, excelentes vestimentas, aún utilizadas.

La obtención de recursos era otra preocupación de los tercerinos, debido a las muchas necesidades que solventar a través del tiempo. Notamos la preocupación de sus integrantes para la consecución de sus objetivos; ya en 1950 en plenas Fiestas Patrias organizaban bailes sociales en el “Hotel Luxor”; atendían ramadas también para las mismas celebraciones en 1956, por mencionar algunos ejemplos. Estas acciones eran repetidas anualmente; aparte del sistema de socios cooperadores, las rifas, competencias de naipes, bailes, fondas bailables y otros, que permitían una mejor gestión institucional.

Importante rememorar que en 1956, la Tercera Compañía contabilizaba 26 bomberos activos y dos honorarios, además como material menor numeraba 105 metros de manguear bajo su dependencia. Entre las actividades que más identificaban a la Compañía estaban las romerías al cementerio en el “Día de Todos los Santos” ocasión en que desfilaban con el vestuario de parada, siendo muy comentada esta actividad. Período también en que se empieza a usarse el estandarte institucional que los representa hasta hoy, una especie de bandera tercerina con fondo rojo claro, destacando como ornamentos un grifo, dos pitones con sus respectivas mangueras arrojando agua, todo de color plomo, y las inscripciones con letras amarillas que indican el número de la Compañía, el lema, la ciudad. Sin duda un estandarte muy especial, que siempre se muestra en todos aquellos momentos solemnes y especiales en que participa la Tercera Compañía, éste fue confeccionado y bordado por las reverentes Monjas Hijas de la Misericordia.

Fue en el año 1959 cuando el voluntario de ese entonces Luis Bustamante Bustamante impregnado de sentimientos hacia su Compañía, escribió el Himno Institucional junto a la música marcial de la composición, Cantada por vez primera causó profunda emoción, siendo declarado Himno Oficial de la Tercera Compañía. Desde aquel año, es interpretado en cada ocasión que lo amerita.

Durante los años 60, la Compañía debió retirarse de su exclusiva cuartel de calle esmeralda, al ser enajenado para obtener nuevos recursos. Sentimientos encontrados provocó esta medida entre los bomberos de aquellos tiempos, ya que ese lugar se había convertido en símbolo y sitio tradicional de la Tercera Compañía, además que la comunidad ya identificaba aquel entorno bomberil. Se trasladan a su futuro cuartel, y mientras tanto se cobijan en una especie de bodega de un piso donde se guardaba la Nissan, con una pequeña sala de sesiones, sin forro y con una ventanita orientada a la plaza, todo provisorio y precario, en los mismos terrenos del Cuartel Central y en el Club Social; era su segundo centro de accionar hasta la construcción del edificio. Allí, con la Nissan siempre presente, se preparaban para defender nuestra ciudad y realizaban las múltiples actividades que implica el quehacer de la Compañía. Hasta enero de 1971 permanecen en tal situación y en virtud de la edificación del Cuartel Central, les corresponde ubicación definitiva en tal lugar junto a otras dos Compañías. Su amplia sala de sesiones, más tarde agrandada con recursos propios, se localiza en el primer piso, ostentando en la puerta la placa estrellada con el número 3.

Este lugar reúne todas las comodidades para su labor ejecutiva y administrativa. Ha sido alhajado por los mismos voluntarios en lo relativo al mobiliario. Guardan preciosos recuerdos de antaño, documentos, fotografías, diplomas, obsequios y un sinnúmero de otros elementos. Poseen un archivo de fotos que refleja todo el desarrollo y el transcurso de su vida institucional; entre ellas una reliquia fotográfica como es su directiva y bomberos del año 1935, representando a gran parte de la sociedad castreña de entonces. Aparte de su labor permanente en llamados de incendio u otras actividades donde se los requería y de las acciones propias regulares de la Compañía, durante mayo de 1960, en los días del terremoto, cumplieron guardia permanentemente en diversos sectores de la ciudad, en una labor sacrificada, entre otras actividades que cumplieron, por más de un mes.

Como Compañía, han sido estimulados con Diplomas de Honor, al haberse adjudicado las mejores asistencias en los años 1969, 1972 y el segundo lugar en 1970 y 1974; en este último año contabilizaban 24 voluntarios. También Diplomas por primer lugar en el campeonato interno de baby-fútbol en 1983, y en 1974 en competencias bomberiles disputadas en Plaza Prats. Importante recalcar que en la década del 70 dieron inicio a una actividad de hermanamiento con la Tercera Compañía de Ancud, con gratas visitas entre los integrantes de ambas instituciones de una ciudad a otra anualmente, reforzando la fraternidad y convivencia tercerina. Un evento ejemplar, digno de imitarse. Este intercambio permitía destacados objetivos, como el de noviembre de 1977, con una placa recordatoria que indica: “Tercera Compañía de Bomberos de Ancud, a su congénere de Castro, con motivo de su visita de confraternidad bomberil. Ancud”.

Mencionamos además, un cuadro con placa de bronce, de la  Tercera Compañía “Claro y Abasolo” de Santiago, a la de Castro, en 1975, con un mensaje fraternal.

Remembranzas especiales conservamos de mayo de 1976, al conmemorar sus 50 años de vida al servicio de la comunidad. Ocasión donde celebran sus Bodas de Oro, inmerso en una variedad de actividades propias; sesión solemne, desfiles, presentaciones públicas, actos, concursos, ágapes, alocuciones radiales, por indicar algunas, sumado a la visita de las delegaciones provinciales. Bomberos honorarios y activos, reunidos en esta celebración histórica que se recuerda con gratos comentarios. Fueron 50 años bien laborados e ininterrumpidos en su accionar. Producto de este evento, la Tercera Compañía organizó un concurso público para idear el logo institucional, resultando ganador el profesor y socio cooperador Nelson Cuitiño, quien con su gráfica ideada representó al logotipo tercerino; una insignia que hoy se estampa en sus diversas prendas y materiales; es un bombero con tenida de trabajo en actitud combativa y posición ágil de  carrera, semiabrazando a un número 3 de grandes proporciones, que es conducido por un voluntario en un abrazo de salvataje. Todo el conjunto es rematado con el nombre de la Compañía, fecha fundacional y lema. Así dicho afiche pasó a ser el símbolo de la Tercera Compañía

Respecto a estas mismas Bodas de Oro, acotamos que reciben una serie de estímulos, como platos recordatorios, cuadros de bronces y otros, de sus congéneres bomberiles, además se entregan Diplomas de Honor a Miembros Honorarios de parte del Directorio General y la propia Compañía.

Importante mencionar a aquellos voluntarios tercerinos que, desde diversos cargos en su Compañía o en el Directorio, destacaron por su desempeño, ganándose un merecido reconocimiento. Siempre existen en toda institución, personas que sienten una profunda identificación por ella, especialmente entre los bomberos, más aún cuando el deber de servicio es netamente vocacional. La Tercera Compañía en todos sus períodos ha sabido construir relevantes grupos de voluntarios, hombres de experiencia y juventud, amalgama necesaria para un futuro con solidez. Haciendo un juicio histórico, concluimos que los años 30, y sobre todo en el decenio de los 60, son los que nítidamente permiten mostrar a la Compañía en pleno desarrollo sustentable. Estas décadas coinciden con un progreso material, base voluntaria y dirigencia institucional; trilogía que marca dos etapas y el potencial del accionar para las décadas del 70 y 80.

Por el expuesto, una Compañía que cumple 70 años ha tenido entre sus integrantes un contingente muy numeroso de ciudadanos en todos sus decenios. Muchas generaciones de bomberos cumplieron su rol ante la comunidad, sin duda los nombres son cientos, pero todos tuvieron gran estimación por la Tercera Compañía y el servicio público. En esta oportunidad mencionamos a Rosendo Cárdenas Vidal, destacado Superintendente en 1967 y 1968, de brillante trayectoria bomberil Enrique Miranda López, Director en 1960, quien desempeñó otros cargos por años: fue Superintendente en 1957 y 1958, Comandante en 1947, Secretario General en 1952 y 1953, relevante Miembro Honorario que cumplió más de 52 años de servicio, lo que le ameritó poseer medalla de oro por dichos años y ser declarado Director Honorario, “Don Pancho” tuvo la gran ocasión de aparecer fotografiado uniformado al frontis de su cuartel con la Tercera Compañía a raíz del terremoto del 60, en la portada de la revista “Life” de EE.UU. Un hito histórico personal para orgullo del Cuerpo de Bomberos; fue el más estimado y antiguo voluntario de la década del 90; Luis Vera R., Capitán en 1950, cumpliendo una activa labor pese a los mínimos recursos de material menor; Carlos Triviño Márquez, a quien los propios tercerinos llamaron “El Gran Capitán”, emulando al capitán español del siglo XVI con sus victorias, fue sin duda uno de los más relevantes ejecutivos que ha tenido la Compañía desde 1952 a 1963 y de 1965 a 1974, su foto y leyenda lucen en la sala de sesiones; es nominado Capitán Honorario; Wenceslao Velásquez Mancilla, voluntario y Tesorero desde 1960, a toda prueba, también Miembro Honorario; Luis Bustamante Bustamante, Capitán en 1961, 2ª Comandante entre 1968 y 1971, Comandante desde 1962 a 1964 e Inspector General de Máquinas en 1965; una trayectoria bomberil ejemplar, aparte de ser autor del himno tercerino y en el presente Miembro Honorario; esto por mencionar algunos, deseamos que los puntualizados sean el reflejo de tantos bomberos que visitaron el uniforme de la Tercera Compañía.

Los últimos decenios hacen proyectar la Compañía con bomberos recordados, nos referimos por ejemplo a su Directiva en 1961: Director Juan Pedro Barrientos Barría, quien en 1959 fue Superintendente; Capitán Luis Bustamante Bustamante; Secretario Cesar Vera Werner; que también ocupó el cargo de Pro-Tesorero General en 1969 y Secretario General: en 1957, hoy Miembro Honorario; Tesorero Alcides Morales Muñoz; Tte. 1ª Enrique Miranda López, el sempiterno bombero; Tte. 2ª César  Montiel Mancilla; también destacaba en esta generación Rosendo Cárdenas Vidal, bombero que ocupó el cargo de Tesorero General en 1969, recordado Miembro Honorario. Transcurren algunos años y otros voluntarios descollan por su accionar, nos referimos a Samuel Alarcón Quinchen también Pro-Secretario General en 1969 , 1974, más tres años consecutivos hasta 1980 y Secretario General en 1981 y 1982; fue comisionado para reorganizar Compañías con éxito, ocupando otros cargos en su institución, es Miembro Honorario; Ubaldo Bórquez Saldivia, el eterno Director ejemplar tercerino, estimado y recordado, que sintió como pocos a esta institución, siendo Director  desde 1971 has 1984, recibiendo en 1982 la “Medalla al Mérito” por su permanencia en el cargo por más de 10 años, fue nombrado Director Honorario; Edgardo Ballesteros Cárcamo, quien fue 2ª Comandante en 1965 y 1966, y ostentó el cargo de Comandante desde 1967 a 1985, siendo designado “Comandante Honorario” por los años de servicio y excelentes cometidos, ha sido históricamente el único Comandante que en forma consecutiva fue nominado por los voluntarios tanto tiempo. Con un aserie de logros y adquisiciones para el trabajo ejecutivo de la Comandancia como para las Compañías.

En los últimos años agregamos a Ramón Asencio Bórquez, Capitán activo por más de 8 años y Tercer Comandante en 1991 y 1992; Ramón Urrutia Gallardo, Capitán varios períodos, Tercer Comandante, Instructor de Brigada; Teniente activo; Héctor Cárcamo Gómez,  Tesorero, Director y voluntario ejemplar; entre otros bomberos. También es preciso reconocer a aquellos que participaron activamente, como merecido reconocimiento: Orlando Miranda Soto; Isidro Asenjo matamala; Francisco calderón Rodríguez; Agustín Gallardo Cuitiño; Luis Vargas Muñoz; Pedro Ascencio Pérez, activo; Alberto Ballesteros Cárcamo; Luis Vargas Muñoz; Pedro Pérez Cárcamo; Fredy Andrade Carvajal, importante maquinista; Rolando Pérez Cárcamo, conductor del Nissan; Sergio Millapel Alderete; Pedro Barrientos Hernández; Pedro Oyarzo, sacrificado bombero, conocido como “Catucho”, Luis Barrientos Nahuel y José Díaz Alvarado. De esta forma los integrantes de esta Compañía, en todas las épocas han asimilado la relevancia de ser miembros de una sociedad que espera siempre su servicio voluntario y garantía real, en los toques de sirena y en las pruebas de valor, como acota su Himno.

Entre tantos logros de estos últimos años,  indicamos que en el  rubro adquisiciones, tienen toallas para sus voluntarios, poseen un módulo gastronómico en el Parque Municipal, donde se efectúa el Festival Costumbrista, sus bomberos han efectuado cursos en la Academia Nacional del Bombero y obtenido premios como mejor Director y Capitán, también integran el Departamento de Estudios Técnicos como inspectores. En su afán por dotar de uniformes a sus voluntarios, adquirieron buzos de trabajo color negro con franjas amarillas, junto a quepis o gorros que completan dicho vestuario color plomo, visera roja con el símbolo logo de la Compañía con fondo amarillo y el lema; asimismo botas de seguridad, equipos de respiración autónoma, radios receptores, por mencionar parte del equipo e indumentaria. Uno de sus proyectos más importantes y verdaderos hito histórico para la Tercera Compañía, es haber acordado en una decisión trascendental en 1995 ser la Compañía que se trasladará al moderno Cuartel del sector Juan Soler Manfredini; así, descentralizan el servicio y se insertan en un lugar de fuerte expansión urbana y poblacional. Sin duda, una acertada propuesta futurista y vanguardista que con el transcurrir del tiempo comprobará lo acertado de la medida. De esta manera la Tercera Compañía en su nuevo Cuartel estratégico, punto neurálgico en el crecimiento de Castro, resguardará a la comunidad con rapidez y eficiencia.

El domingo 9 de marzo de inauguró el flamante Cuartel localizado en la Población Juan Soler Manfredini, calle Ignacio Carrera Pinto, inmerso en el Centenario del Cuerpo de Bomberos. Edificio de dos pisos con todos los requerimientos, área de recreación y moderna sala de máquinas. Desde esa fecha es el nuevo centro bomberil del accionar tercerino. 

La Tercera Compañía continúa sus relevantes servicios, su historia como institución merece el mayor reconocimiento porque como está ligada a la comunidad local durante todo el presente siglo. Años de actividad sin interrupciones, sirven de sustento en todas las acciones pasadas, presentes y del porvenir que se iniciaron ese lejano 1ª de mayo de 1926, dando lustros al Cuerpo de Bomberos de Castro, con bomberos que entregaron todo de sí en la búsqueda del perfeccionamiento institucional y por ende de servicio al pueblo castreño.