Historia

Las organizaciones de bomberos se remontan a la Roma Republicana hacia el año 70 Antes de Cristo, denominados entonces el Cuerpo de Vigilantes, primer departamento de incendios profesional en el mundo.

Al desintegrarse este vasto Imperio, en el siglo V de nuestra era, desaparecen dichas agrupaciones. Similar situación ocurre durante el período histórico de la Edad Media, donde no se menciona la presencia de grupos bomberiles coordinados. Sólo el advenimiento del Renacimiento junto al desarrollo de las artes y la cultura en general, constituyen los momentos de la reaparición definitiva en la historia del porvenir de instituciones que combaten el fuego.

En nuestro continente, es América del Norte la que inicia en la práctica, ya en el siglo XVII y XVIII, grupos organizados de voluntarios con equipos y técnicas; sin embargo en América del Sur no ocurrió tal hecho y, los españoles, colonizadores y conquistadores no consideraron este aspecto social de servicio comunitario en forma similar a las colonias del Norte.

Empero, en Chile los antecedentes primigenios de una agrupación de perfil bomberil se circunscriben recién después de los siglos de transcurridos el Período Indino o Colonial. A inicios del siglo XIX, como verdaderos hitos históricos de proyección y relevancia, es Chiloé el lugar de los primeros trabajos rudimentarios bomberiles. En efecto, el Gobernador de nuestro archipiélago de ese tiempo dispuso que los habitantes insulares, en el primer decenio del año 1800, mantuvieran siempre en sus viviendas “…un odre lleno de agua para atacar el fuego en caso de incendio…” Dicha disposición de la autoridad de aquella época se consideró como obligatoria para todas las personas y de sus resultados no disponemos de antecedentes.

Acotamos la importancia de esta loable actitud preventiva, adecuada a la realidad del tiempo, con los únicos elementos hoy día rudimentarios, de extinción disponibles, aquellos cueros o vejigas de animales cocidas que rebosaban de agua y, por extensión, también debieron utilizarse las “chungas”, esas vasijas de madera de antaño. Puntualizamos, por tanto, que Chiloé y su Gobierno son el primer eslabón en las organizaciones de bomberos voluntarios de nuestro país, estructurados por la administración respectiva.

La preocupación, años más tarde, de contar con bombas de incendio surge del Gobierno de José Miguel Carrera, quien manifiesta esta necesidad, ya adoptada en otros países anglosajones, durante los albores de proceso de Independencia y, posteriormente, cuando Diego Portales fue Ministro, creó un servicio contra incendios que surgió desde sus batallones cívicos, denominado BATALLON DE LA BOMBA, organización que desapareció tras los acontecimientos bélicos de la Revolución de Abril de 1851. Dos meses después nace definitivamente, el 30 DE JUNIO EN VALPARAISO el Cuerpo de Bomberos de Chile, como Institución, integrado por cuatro Compañías de Bomberos-Voluntarios de la ciudad puerto y consecuencialmente la primera organización bomberil de la  República.

Chiloé no podía estar ajeno a dichos sucesos. Así, la historia fundacional del Archipiélago quedó escrita con un orden cronológico particular. El Cuerpo de Bomberos de ANCUD, el segundo más antiguo de Chile, fundado el 12 de Febrero de 1856; el de CASTRO, fundado el 08 de Marzo de 1986; el de ACHAO, fundado un 24 de Enero de 1900; el de QUEMCHI, fundado el 26 de Marzo de 1905; QUEILEN, fundado el 08 de Diciembre de 1907; CURACO DE VELEZ, fundado el 04 de Febrero de 1917; QUELLON, fundado el 04 de Diciembre de 1926; DALCAHUE, fundado el 10 de Agosto de 1930, y PUQUELDON, fundado el 05 de Junio de 1966.

Poco más de 30 años bastaron para que las principales localidades chilotas fundaran sus propios Cuerpos de Bomberos, iniciando sus propias historias cotidianas hasta el presente.

NACIMIENTO DEL CUERPO DE BOMBEROS DE CASTRO

CASTRO, desde su fundación en Febrero de 1567, con su historia de cuatro siglos y décadas, ha sufrido múltiples siniestros que, legítimamente podemos denominarlos la «Pirópolis del Sur de Chile». Estas fechas ígneas han sido de tanta gravedad que se constituyen en hitos a rememorar por antonomasia, identificándose tal año con el hecho ocurrido. Sin embargo en todos los tiempos sus habitantes las han afrontado estoicamente y se reponen ante la gravedad.

Así, puntualizamos en el terremoto e incendio de 1575 cuando recién se formaba la ciudad; el año 1600 con el saqueo y quema total por el corsario holandés Baltasar de Córdes, situación repetida en 1643, acción a cargo del corsario Enrique Brouwer; hechos que obligan al vecindario a dispersarse, adoptando una vida en ruralidad, perdiéndose todo vestigio de su traza urbana.

En 1786 y 1787, sendos terremotos y siniestros prosiguen la secuela destructiva. Transcurridos decenios de años, Castro lentamente recupera su ritmo de crecimiento, aunque su karma de fuego continúa cerniéndose. Las datas 1832 y 1837 indican que dos movimientos telúricos más el incendio derivado afectan la ciudad; más tarde, en 1857 un pavoroso incendio de proporciones destruye el Colegio Franciscano y parte de las casas. El año 1882 nuevamente se incendia parte de dicho edificio. Y, en 1895 arde completamente el Templo, Colegio Católico, Biblioteca y casas. Mostrándose por tanto una ciudad incipiente a los albores del siglo XX, producto de la adversidad ígnea que traspasa el siglo o inmersa en las preocupaciones al encontrarse el pueblo desamparado ante la emergencia.

Los hechos trágicos anteriores y, derivado del último gran incendio del siglo XIX fueron el acicate y motivo para fundar el CUERPO DE BOMBEROS DE CASTRO al año siguiente: 1896, emulando a la ciudad de Ancud, que ya contaba con dicha institución bomberil también, por las mismas experiencias.

Existían preocupación e inquietud en la comunidad, se requería de una vez por todas organizarse ante el enemigo cotidiano; los vecinos más connotados, autoridades y habitantes en general dialogaban durante los meses siguientes de aquel entonces, múltiples reuniones entre amigos y conocidos concluyeron en la necesidad creciente de proteger a la ciudadanía y sus bienes materiales de la acción del fuego, siendo el impulso que permitió a un grupo de visionarios vecinos, hombres idealistas y con profundo sentido social, fundar el Domingo 08 de Marzo de 1896 el Cuerpo de Bomberos de Castro como Institución Pública, motivados en gran parte por el apoyo moral y económico poblacional a los comisionados respectivos. La sociedad castreña comprendía la relevancia de esta entidad, sabiendo del pasado infausto vivido.

Los habitantes valoraban en la nueva organización al ente rector para su defensa y manifestaban enorme alegría al contar por fin con bomberos voluntarios, que estarían prestos al servicio social, considerando además el destino malogrado de Castro que continuaba. Contándose con el respaldo institucional gubernativo del Intendente de Chiloé, Don Luis Martiniano Rodríguez Herrera, quien comprobó orgulloso cómo nacía durante su período el espíritu de servicio a través del inicio organizacional del Cuerpo de Bomberos de Castro.

En ese año, nuestra ciudad contabilizaba 1.522 habitantes y anotaba 190 propiedades de madera. No pasaba de ser sólo un pueblo, pero donde se respiraba una atmósfera de amistad, se gozaba de permanente familiaridad como poblado modesto, donde todos se conocían. Se vivía a «intramuros», con una vida pública y privada que se practicaba intensamente, y un ambiente cotidiano «sui-génesis».

Urbanísticamente existían áreas libres privadas o sitios eriazos, con arboledas, huertos y gallineros; es decir una discontinuidad en la edificación. Las calles eran de trazado irregular, no existiendo muchas veces distinción entre calzada y acera. Las casas ocupaban enormes patios y la plaza un amplio perímetro, sin arreglos, cubierta de pastos con senderos peatonales, sobresaliendo la Parroquia San Santiago que se localizaba en la esquina de Gamboa con O´Higgins, los hoteles adyacentes, grandes caserones y edificios públicos. Arterias más edificadas eran Blanco, prolongada y elevada pendiente dificultosa con los barros de lluvias; Pedro Montt, acceso al poblado; Lillo; Aguirre Cerda, esta última con palafitos; San Martín; Serrano; Gamboa; Latorre; Portales. Todas con casas de madera, medianas, recubiertas con tejuelas de alerce y techos inclinados para el escurrimiento de agua, sin ningún tipo de alcantarillado, Sólo en 1914 se inician los trabajos para dotar de agua potable. Las vertientes localizadas en varios puntos de la ciudad satisfacían esas necesidades.

El barrio Chonos, a ambos lados estaba edificado, hacia la marina bodegas palafitos. Las vías del pueblo indudablemente sin pavimentación, sólo ripio, lo que formaba grandes barreras pese a las canaletas de madera a los costados de las veredas.

Los límites urbanos donde debía proyectarse la incipiente actividad bomberil eran al Norte la calle Sargento Aldea, al Este la calle Pedro Montt, al Oeste la calle Freire que aún no tenía casas, de modo que en toda su extensión era un espacio vacío, al Sur la calle Portales, y Aguirre Cerda en la costanera. Recién comenzaban a formarse los barrios Lillo, Gamboa, Tejar y Punta Chonos.

Se usaba el telégrafo a hilos junto a los faroles a parafina o carburo que, funcionando siempre con alteraciones, iluminaban con sus destellos fantasmagóricos una labor bomberil inicial. Sólo hasta 1918 operó la energía eléctrica con motor reforzándose con la energía hidráulica proveniente del Tranque del río Gamboa, más tarde. Los medios de locomoción interna eran principalmente de tracción animal y carretas, aún el tren de trocha angosta no funcionaba, comenzó su recorrido hasta 1912.

Los futuros bomberos del período heroico vivieron y compartieron con la ciudad descrita anteriormente. Dejando parte de sus vidas improntadas en esta etapa del desarrollo urbano, que permite también describir el Castro de madera con sus fogones, cocinas a leña, braseros y velas que, siendo parte de la vida cotidiana, eran también causa de los repetidos siniestros y del correr de los bomberos cuando las campanas de la iglesia franciscana anunciaban con sus alocadas repiques el temible fuego en algún punto de la ciudad.

Decíamos que el Cuerpo de Bomberos de Castro fue fundado el 8 de Marzo de 1986. Para indagar cómo se gestó este hecho histórico, es preciso remitirse a la Sesión Extraordinaria, cuya Acta de Fundación clarifica tal hito, anotado de puño y letra de los connotados vecinos asistentes. Por su importancia testimonial la reproducimos íntegramente:

“…En la ciudad de Castro a 1º de Marzo de 1986, reunidos los suscritos en el Hotel Central a las 18:30 horas para intercambiar ideas sobre la organización de un Cuerpo de Bomberos en esta ciudad, bajo la Presidencia provisoria del Sr. Patricio Díaz Sánchez y como Secretario en el mismo carácter, don Manuel Vargas Vargas; nombrados por unanimidad, se acordó lo siguiente:

Primero: Nombrar una comisión de cinco vecinos de este pueblo, para que éstos recolecten dinero, a fin que el domingo 8 de marzo a la misma hora y lugar den cuenta de su cometido.

Segundo: La comisión por mayoría de votos quedó compuesta por los señores Juan Christie Dangle, Antonio Gómez Pereira, Belisario Bahamonde Andrade, Patricio Días Sánchez y Manuel Vargas.

Tercero: Reunirse el domingo 8 del corriente en el mismo lugar a fin de nombrar el Directorio del Cuerpo de Bomberos.

Cuarto: El dinero que se recolecte se destinará especialmente en adquirir los útiles para la formación de una Compañía de Hachas y Escalas…”

Al pie del Acta firman los integrantes de la comisión y vecinos de la ciudad de Castro que se reunieron en ese entonces. Durante una semana se recorren las casas solicitando la cooperación, se dialoga e informa a las familias, se producen reuniones, las autoridades locales se esfuerzan para incentivar a la comunidad, estableciendo no sólo cajas públicas sino transmitiendo lo importante del hecho… en suma, se efectuó una activa labor, en donde el ritmo urbano social giró en torno de la creación institucional bomberil castreña.

Transcurren los días y el documento histórico manifiesta lo siguiente: “…El día Domingo 8 de Marzo de 1986, en la ciudad de Castro, reunidos los suscritos en el Hotel Central, a las 18:30 horas, bajo la Presidencia de Don Juan Christie Dangle, como miembro de la comisión recolectora de fondos de dinero, y de los cocales y directores Sres. Antonio Gómez Pereira, Patricio Días Sánchez, Belisario Bahamonde Andrade y Manuel Vargas Vargas, y demás asistentes, se procedió a tratar sobre lo siguiente:

La comisión nombrada dio cuenta de haber recolectado entre los vecinos de este pueblo la cantidad de $ 425,00. En virtud de esta exposición y teniendo en consideración que con esta cantidad podrían obtenerse los útiles más indispensables para la organización de una Compañía de “Hachas y Escalas”, se procedió a elegir el Directorio General de Cuerpo de Bomberos, compuesto de un Superintendente, dos Comandantes, un Tesorero General y un Secretario General. Quedando constituido de la siguiente forma:

Superintendente:

Don Belisario Bahamonde Andrade

Comandante:

Don Juan Christie Dangle

2º Comandante:

Don Manuel Miranda V.

Tesorero General:

Don Domingo Canobra B.

Secretario General:

Don Manuel Vargas Vargas

A continuación se procedió a elegir un Directorio para la Primera Compañía de “Hachas y escalas”, quedando formado de la siguiente manera:

Director:

Don Jorge Oberreuter González

Capitán:

Don Basilio Maldonado A.

Teniente:

Don Juan Barrientos Barría

Ayudante:

Don José María Escudero S.

Secretario – Tesorero:

Don José Antonio Bórquez P.

El Notario y Conservador Don David Gómez García refrenda el Acta Constitutiva con su firma y timbre al píe del Acta. A continuación firman todos los asistentes a la reunión…”

De esta manera, de hecho y de derecho se funda el Cuerpo de Bomberos de Castro; nacía una nobel Institución de servicio. La cita finaliza entre vítores, aplausos y abrazos, justo a las tareas, buenos deseos, responsabilidades a emprender, y todo lo inherente a la puesta en marcha de la organización bomberil. Alegrías de Marzo para Chiloé y principalmente en la comunidad castreña, unida en este gran objetivo; la semilla sembrada cayó en terreno fértil, dando sus frutos. El segundo Cuerpo de Bomberos fundado en la Provincia Insular irrumpía al país con solidez, en un tránsito histórico permanente en el tiempo; precisamente gracias a la conjunción notable con la sociedad local, de donde arranca la nutriente que germina anualmente, no sólo por sus integrantes que lo potencian, sino por el apoyo constante dado, porque en el fondo es su propia institución.       

La elección de las directivas mencionadas fue por mayoría de votos de la Asamblea reunida, aunque con antelación se mencionaban algunos nombres no sólo por su espíritu de trabajo y entrega, sino por ser garantía de buen desempeño, entusiasmo y probos en la vida cotidiana, única manera de elegir a los mejores en estas altas funciones. Lo concerniente a los cargos, funciones, aspectos administrativos, ejecutivos y otros fue ejemplificado de otros Cuerpos, especialmente de Ancud, empero adaptados algunos a la realidad inicial de Castro. Esa tarde histórica se constituyó en el más destacado juicio para la ciudad y comunidad, en el sentido de unificación y conservación cuando se proponen metas nobles y esperanzas futuristas.

En lo concerniente a las primeras acciones del Directorio General, relevante es indicar que con la asesoría pertinente elaboran los Estatutos del Cuerpo de Bomberos y por decreto del 20 de octubre de 1898 son aprobados, al otorgársele también con la misma fecha la Personalidad Jurídica. Documentos originales que lamentablemente se perdieron, según indica el Señor Guillermo Águila Soto, Comandante, por Oficio Nro. 16 del 25 de Septiembre de 1956, al evacuar informe solicitado por una comisión especial que creó la Ley Nro. 12.027 adjuntando la Circular Nro. 02, del 10 de Agosto a Comandancia; contesta en el primer punto: “Copia de nuestros Estatutos no se pueden enviar, debido a que los libros respectivos fueron quemados en uno de los tres incendios habidos…”, seguramente al encontrarse depositados en alguna casa particular o pública, creemos durante el siniestro del año 1936, porque hasta el presente nunca ha ocurridos un incendio en los cuarteles castreños. Ello explica entonces el destino de dichas fuentes documentales; sin embrago, la importancia de fondo es que transcurridos sólo dos años de funcionamiento institucional ya se reconoce al Cuerpo de Bomberos de Castro a nivel Nacional, no solamente en lo institucional sino en instancias gubernativas, pudiendo iniciar una serie de actividades al disponer y gozar de tales disposiciones. Esos documentos históricos fueron reproducidos para testimonio generacional futuro de los originales, conservados en el Ministerio respectivo.

Por otra parte, el Directorio debió abocarse a la administración en todos los aspectos: reuniones periódicas, solventar gastos, obtener recursos, adquirir sitios y habilitar el cuartel definitivo, ya que al principio funcionaban en el Hotel Central, mantener contactos y correspondencia con otros Cuerpos, solicitar cooperación e implementación de material bomberil en varios aspectos… entre otros. También necesitaban de un símbolo de identificación. Para ello idearon un venerado estandarte bomberil que, en lo sustantivo mantiene los mismos elementos de aquel primero confeccionado; es una bandera chilena en cuyo centro con fondo negro lleva el escudo de armas de la ciudad, cuya inscripción y letras de “…la mui noble y leal ciudad de Castro…” son el color y, la figuras interiores realizadas, confeccionadas con hilos dorados y de otros colores finos. Sobre el escudo dice. “Cuerpo de Bomberos de Castro”; bajo él: 8 Marzo 1986”; la bandera está rodeada de ribetes y flecos dorados. Desde entonces encabezaba gallardamente los desfiles y otras ceremonias.

La Comandancia en este contexto también extremó su accionar: preparando a los neófitos bomberos para las contingencias y llamados de emergencias en la pequeña ciudad, donde se concurría a los incendios ya sea a pie o a caballo. Se menciona que al sentir la campana de alarma se llamaba a las casas de los vecinos que fuesen bomberos y, muchos de ellos colocaban enfrente de sus casas una placa con una estrella, dentro de ella el número de la Compañía; optimizando los ejercicios que comenzaban, planificando el aspecto operativo, ensayando marcialmente al comenzar los primeros desfiles de presentación en nuestra ciudad, coordinando el sistema de alarma de campanas con la iglesia San Santiago y sus repiques continuados y rápidos, ejercitándose en el uso del material de trabajo y, con las bombas que en la primera etapa de vida del Cuerpo eran arrastradas a mano, período que se prolongó incluso hasta la década del 50, por nombrar algunas tareas. Situaciones todas que requerían la mayor atención y premura, máxime cuando se debía cumplir eficientemente con la ciudadanía, además de resolver las múltiples variables surgidas y tareas que se presentan en un proceso de formación institucional.

Corolario de lo anterior es el permanente apoyo, la cohesión interna grupal, la conmemoración de los primeros aniversarios con la felicidad inmensa de comprobar cómo se estructuraban establemente los bomberos locales; el deseo organizacional de fortalecerse y trabajar por una causa noble, en suma, hacer del Cuerpo de Bomberos de Castro una institución con raigambre popular, comunitaria, eficiente, responsable, sólida, prestigiosa y, paulatinamente ir granjeando una fuerte tradición histórica que aporta la potencia interior y esa macicez para revitalizarse en un servicio público.

Recordemos especialmente a los bomberos heroicos y su legado preservado, con respeto y cariño, donde el esfuerzo, tenacidad y valor cimentaron las sólidas bases de la institución.

Se iniciaban entonces la actividad que nos transportaría hasta sus cien años de vida, con el basamento primigenio y establece: Las Compañías.

              

 

 

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